Una noche distinta

December 22, 2007

El sitio que habían elegido era un bar cualquiera. Suelen decir que el lugar es lo de menos, si estás bien acompañado. Pero María Pía, por voluntad propia, jamás hubiese entrado en ese bar. Uno de esos bodegones típicos, con la gente amontonada en la barra, donde lo único que se huele son perfumes baratos y pescado frito.
Miró el reloj, era un poco tarde. Sus amigas se retiraban poco a poco. Anita se ofreció a acercarla a su casa, pero ella prefirió quedarse un rato sola, ajena a lo que pasaba a su alrededor, disfrutando de su cerveza. Hacía tiempo que no salía, ¿por qué? Quizás la crisis de los cuarenta, las obligaciones, tantas cosas de que ocuparse a la vez, siempre pensando en los demás.
Encendió un cigarrillo y caminó hacia el extremo de la barra, se acababa de desocupar un sitio. Le pidió al camarero algún trago que tuviese jugo de frutas. Con una mano se alisó el cabello.

- Hola rubia. ¿Tenés fuego? -preguntó una voz grave y cercana

Un hombre de unos cincuenta, moreno, alto, un poco excedido de peso, estaba de pie a su lado. Tenía un pantalón oscuro y una camisa azul claro, con los primeros botones desabrochados.

María Pía extendió el mechero con pocas ganas.

- ¿Qué hacés sola en un lugar como éste? ¿Sos del barrio?

- Pues no. He venido a despedir una amiga que se va de viaje.

- Ajá. Y ya se fue, ¿no?

- Sí. Tenía su vuelo mañana temprano a Praga, piensa instalarse allí. Le han ofrecido un buen trabajo.

- Joder, que lejos. Yo no conozco más que de los Pirineos pa’ bajo. Aunque mi país me lo recorrí enterito, ¿eh? Años de oficio, inviernos y veranos arriba de la furgoneta, si tendré anécdotas para contar.

- Tu no eres de aquí, ¿verdad?

- No. Soy argentino, pero llegué hace más de un año a vivir acá. Y vos, ¿qué hacés?

- Soy antropóloga

- Mmm… la cantidad de oficios nuevos que hay ahora, hay gente pa’ todo. ¿Cómo era tu nombre, rubia?

- María Pía

- Ah, encantado -le tiende una mano- yo soy Juan Carlos, pero podés llamarme Juancar, como me dice todo el mundo.

- Muy bien, Juancar. ¿Me disculpas un momento? Ahora vengo.

- Cómo no, rubia. Perdón. María… ¿cuánto?

- Pía

- Ah, sí, eso. Te espero acá.

Read the rest of this entry »