kangaroo

Mi llegada a Sydney empezó con el pie izquierdo, desde que nos confiscaron tres potes de dulce de leche que traíamos con orgullo de la patria para compartir.

Más allá del saqueo del dulce, en la aduana había carteles que decían que debían quedar “en cuarentena” todos aquellos productos de origen animal y vegetal, puesto que Australia es una isla libre de todo mal, y más vale dejemos fuera toda nuestra mierda.

Había otro cartel que decía –y juro que lo leí varias veces para cerciorarme- : Si usted trae más de 10.000 dólares en efectivo, tenga la amabilidad de declararlos en aduana. Bueno -pensé- menos mal que solo tengo unas moneditas de pesos de recuerdo, así me ahorro al menos un trámite.

Sydney es una ciudad totalmente distinta a todas las que yo conozco hasta el momento. Con más de 4 millones de habitantes, se caracteriza por el estilo de vida relajado y obsesivamente despreocupado de su gente, que parecen tener como lema aquel famoso: Don’t worry, be happy, y van por la vida diciendo a todo: Not a problem.

Al llegar residí en el barrio de St. Ives, donde lo único que pasaba era el lechero chino, cada mañana a dejar el cartón de leche fresca por la casa. Fuera de eso, el barrio padece de un aburrimiento fatal.
Pero basta escaparse al centro y todo cambia de color. Un paseo en ferry por la bahía, desde donde se puede contemplar el Opera House, el Harbour Bridge, y también subir a la Sydney Tower a contemplar las vistas panorámicas de la ciudad.

El acento australiano es poco menos que un jeroglífico para mi. Diez años estudiando Inglés no me han servido de nada para entender a los aussies.
Dice el saber popular que hablan con los dientes cerrados y la nariz tapada para evitar que les entren las moscas.
Las moscas son más pegajosas que en otra parte del planeta, y ya he aprendido a llamarlas “little bastards”.

Definitivamente, Australia es primer mundo y hay cosas que funcionan demasiado bien, y escapan a la compresión de los que nacimos en Sudamérica.

Por ejemplo, en los trenes hay un numero de teléfono al que uno puede llamar para dar cuenta de que el vagón está sucio, y viene un tipo a limpiártelo, para que viajes más feliz.
Rod vivió en carne propia viajar con un chabón al que se le dio por vomitar. Uno de los pasajeros llamó al telefonito, y vino un tipo que les hizo a todos desalojar el vagón para limpiar el maldito vómito. Y todos tan contentos.

Las cuestiones culinarias son también otro desafío. Los australianos aman un producto llamado Vegemite, con el que untan sus tostadas para el desayuno. Yo no puedo dejar de verlo como una horrible pasta negra que hasta parece tóxica. A mí dejenme con mi mermelada tradicional, que la innovación la busco en otra parte.
Eso si, con la moderna cocina australiana me llevo bien. Será porque es un rejunte de platos tailandeses, vietnamitas, indios y malasios.

Una curiosidad que encontré, es que algunos restaurantes tienen una leyenda que dice: BYO (bring your own alcohol). Esto implica que vos podés llevarte tu bebida propia, tu vinito, champagne o lo que sea y pagás solo la comida. A lo sumo te cobran un descorchado.Muy bueno el sistema.

Estoy tratando de encontrar alguna similitud entre Sydney, Buenos Aires y Madrid, y la verdad es que no la veo en lo más mínimo.

Pero todo es cuestión de tiempo y adaptación. Más adelante probablemente les escriba saludandolos: G’ DAY mates! Y quizás también salga a correr por la bahia, juegue al cricket, me compre una “barbie”(barbecue = típica parrilla a gas) y ande descalza por el pavimento. Pero… quizás me tome una temporada.

Papeles para todos, León

February 20, 2008

Quería contarles que estuvimos hace un tiempo en el recital de León Gieco, que dio en Madrid en el bar “Galileo Galilei”.
Fuimos con amigos y con entradas VIP gracias a “Chicho” (músico argentino tuvo el honor de conseguirle el charango a León, ya que conseguir un charango en la madre patria se complica un poco).

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Estuvimos al lado de la gente de la embajada argentina, ahí nomás del escenario.
Al toque subió León con su guitarra acústica fileteada, y empezó con un tema a capella. Toda la monada lo recibió como se merece, aunque nunca falto un desubicado que gritó “Viva Boca!”.

El paisano estuvo muy simpático, hizo chistes de argentinos, nombró a Charly, la negra Sosa, la corrupción de nuestro país “para que sepan los españoles que sin tanta corrupción nuestro país daría para mucho”, criticó al gobierno, alabó al subcomandante Marcos y cantó un tema basado en un cuento de él. (al fondo alguien gritó Chiapas existe!!!), habló de los uruguayos (que gritaron presente!), los brasileros, los ecuatorianos, los chilenos y toda América Latina. Contó que había hecho un video en la Patagonia donde mezcló a Mercedes Sosa con Iorio, Iván Noble, el de La Renga, Mollo de Divididos, etc, “imagínense a la negra con el poncho al lado de Iorio con los pelos verdes, la groncha se banca cualquier cosa”-mandó.

Asumió haberle afanado mucho a Bob Dylan, puteó mucho mucho (los de la embajada creo que se escondían debajo de la mesa). Y obviamente, tocó como un maestro, solo, ya que su banda se quedó en Bs. As. A la que relata se la cayeron las lágrimas con más de un tema. Por ahí atrás uno gritó “Viva argentina!!” (yo quería tener esa primicia pero no pudo ser) sólo tuve que conformarme con decir “Viva!!” Y uno que mandó: “Papeles para todos León!!!!” Como si el tipo pudiera hacer algo al respecto…

Pero está bien, ya que cantamos por los desaparecidos, por Latinoamérica, los que se mueren de hambre (dio una cifra de 15.000 chicos en Argentina), puteando a los gobiernos represores de América latina, así que cómo no ibamos a pedir también por los famosos papelitos rosa!!!

En fin, fue muy emocionante todo, el show que estaba previsto en 45 minutos se prolongó como 2 horas. Ya que cada vez que amenazaba con irse la monada gritaba “una más y no jodemos más”, los madrileños mudos porque para ellos joder tiene otro significado.

Cantó todos los temas que le pidió el público argentino. Ya de entrada dijo: a los argentinos presentes, podrán pedir todos los temas que quieran. Así que desfilaron más allá del nuevo disco, temas con onda chamamecera, “Cachito”,”El fantasma de Canterville”, “Los Orozco” (los gaitas se cagaron de risa con este tema, que también pasaron el video en la apertura del show), “Los salieris de Charly”,”La cigarra” de M.Elena Walsh, y muchos más que no recuerdo los nombres, cerrando con el infaltable “Sólo le pido a Dios”.

Viviendo fuera se siente mucho mas intenso todo lo que sea de dentro. Las emociones son mas fuertes y uno le suma a los acontecimientos una cuota de idealizacion de todo lo que dejo atras, alla lejos… cuando se fue de Buenos Aires y nunca mas volvio.

Partimos un dia tempranito con destino Santander, ciudad playera del norte hispanico, a orillas del Mar Cantabrico.
Paramos en un bungalow dentro de un camping, a 100 mts de la playa. Y de ahi seguimos ruta hacia Galicia, atravesando Cantabria y previo paso por Asturias.

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A modo de coletilla, nos enteramos de refilon que habian agarrado un comando de ETA con intencion de cometer un par de atentados en Santander, en dos hoteles de la Playa El Sardinero (justo donde estabamos nosotros!!). El nombre de la playa es gracioso, no?.
Asi que otra vez mas la desgracia con suerte nos perseguia…

Otra cosilla para comentar, es que tuvimos un intento fallido (fallidisimo) de visitar las famosas Cuevas de Altamira, aquellas que nos enseñaban en las clases de plastica del colegio, como “el patrimonio artistico mas antiguo de la humanidad” (la pinturita rupestre del bufalo).

Y hete aqui que caminamos agobiados bajo el rayo del sol a las 3 de la tarde, sacandonos fotos con cartel rutero diciendo “cuevas de Altamira 2 km”, y fotografiando vacas que nos salian al paso con campanita colgando y todo. Pero… oh sorpresa… al llegar, personal de seguridad vario nos impidio el paso con los siguientes argumentos:

-Las cuevas estan cerradas porque solo abren de mañana y es de tarde

-Estan mas cerradas todavia porque no tienen invitacion VIP (lease: a la cuevita se llega con un permiso especial que se pide previamente por carta al municipio del pueblo, preferentemente solicitado por antropologo o investigador. Uno pide el permiso mañana por ejemplo y te contestan dandote el turno de visita para dentro de 3 años (o 3 y medio si hay demora excesiva).

Intentamos persuadir al segurata diciendole que veniamos exclusivamente de la patria para ver las cuevas, que teniamos un amigo antropologo que nos las habia recomendado, que ellos mismos nos contaran (ya que al estar ahi seguro las habian visto) si eran tan lindas como las de las fotos o no, etc. etc.

Pero el hombre replico: “Lo siento. Tendran que planear otro viaje de aqui a 3 años”, y saco una tarjeta muy pituca con direccion, telefono, fax, satelite y radar donde habia que dirigirse a pedir el permiso
cuevistico.

Entonces seguimos viaje y terminamos en “A Coruña” (La Coruña para todos aquellos que no somos gallegos). Otra vez en camping, y esta vez armamos nuestra flamante carpa iglu en pleno pasto verde con aire de mar.

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Pero… cuando ya estaba todo barbaro descubrimos que un insolente perro habia defecado en la puerta de nuestra vivienda itinerante!! Y ni les cuento que esa noche tuvimos un encuentro cercano del 3er tipo, cuando regresabamos a altas horas de vuelta a dormir, linterna en mano porque no se veia un joraca… Rod alumbro una bola color amarronada que no sabiamos si era un pajaro, un avion, superman hecho un caracol… o… que era??
UN PUERCOESPIN!!!!!!!!! Que se paseaba tranquilamente por los alredededores de nuestro hogar!!! Nos tardo un tiempo hecharlo a alumbradas en serie de linterna, porque a tocarlo nadie se atrevio.
Un bichito simpatico.

Al dia siguiente partimos a Santiago de Compostela, a conocer la tierra de mi bisabuelo el anarquista. Me sirvio para conocer de donde viene mi herencia (pobre viejo que en paz descanse). Pero no entiendo como habiendo nacido en un lugar tan terriblemente catolico y aburrido, donde todo es iglesia, convento, monasterio, capilla, souvenires varios de todas las virgenes, y hasta una casa del peregrino!! como pobre viejo Don Jose Garcia vino a salir tan hereje… resultando ser un terrorista de barrio que ponia bombas en las panaderias.

Imaginense… que entre tanta tanada, gallegada y anarquismo hete aqui el producto que resulte.

Este viaje lo hicimos en Junio del 2001, y despues volvimos a Madrid. Entonces me puse en campaña para preparar los papeles para la regularizacion en maza de inmigrantes clandestinos.

Una vez tuve la experiencia de visitar el servicio de urgencias del Hospital Ramón Y Cajal, a las 2 de la mañana.
No se quien fue el ilustre Don Ramón y Cajal, pero habrá sido un científico importante, porque en la Ciudad de las Ciencias valenciana hubo una exposición dedicada al buen hombre.

Pero para no irme por las ramas, cosa fácil en mí, vuelvo al tema central, diciendo que mucho honor no le hace al ilustre científico el dichoso hospital que lleva su nombre.

Hete aquí que llegué a las 2 de la mañana porque mi garganta y las consecuencias de una muela de juicio extraida hace unos cuantos días atrás me estaban torturando del dolor. Y llegamos al sitio, previo deambular por las carreteras en plena madrugada con un mapa a ver dónde carajo era el lugar. Porque aquí, uno no puede ir a cualquier hospital, sino al que le corresponde de acuerdo a la zona donde vive.

Por suerte había tramitado mi tarjeta sanitaria hace menos de un mes atrás, sino para abrir la boca y decirte tenés tal cosa me hubieran cobrado 20.000 pesetas.
Pero, gracias a ser inmigrante sin recursos, había podido obtener una cobertura médica gratuita, con médico de cabecera y descuento del 60% en remedios.

Bueno vayamos al grano. Llegué y me dirigí a la mesa de entradas, dónde una empleada semi-sorda me decía cada dos palabras “no le oigo”.
Después de 15 minutos nos entendimos y me dio unos papeles, diciéndome que el señor de al lado (vestido de enfermero) me indicaría el lugar donde ir.

El señor enfermero, reunido con otros pares en una salita, bebiendo café y charlando sobre los beneficios y contras de la alcachofa hervida, me dijo: “Qué le pasa Laura?” –demostrando una confianza entre nosotos que no existía. Y yo balbuceé algo en relación a la ex-muela, la faringitis mal curada, la garganta. Entonces el hombre de verde me dijo “Siga la línea amarilla, cuando termine, al final de todo…mire que es lejos, eh?…ahí la van a atender”.

Me dispuse a cruzar el laberinto señalado, comprobando con estupor que los pasillos hospitalarios por los que transitaba estaban llenos de enfermos en sus respectivas camas, con sondas, suero, familiares dormitando al lado de ellos, quejidos varios, etc. Cualquiera hubiera pensado que estaba en la guardia del Argerich. Pero NO, estaba en un hospital del primer mundo en pleno centro de Madrid.

Pues bien, luego del espectáculo llegué al final de la famosa línea, cuando una voz que parecía en off gritó: “Aquí termina la línea!!!!”.
“Ah”- murmuré con un hilo de voz. La mujer escondida detrás de un escritorio me dijo que pasara a la sala de espera que pronto me llamarían.

La sala de espera sí parecía cualquier hospital tercermundista, aunque podía confundirse perfectamente con un hospital neuropsiquiátrico. Un viejo con un ojo emparchado se quejaba que estaba allí desde hacía
dos horas. Dos mujeres jóvenes charlaban sobre sus vidas amorosas. Madres absorbentes llevando a sus hijos adolescentes rebeldes, cuando están en esa etapa en que se avergüenzan de sus padres, y encima que la mama los lleve al hospital!!!!!!!

Y hete aquí al personaje más interesante de todos: un chaval en pijama y pantuflas, con su móvil en el bolsillo y la bragueta semi-abierta. Se ve que algo se le había perdido por ahí porque constantemente se estaba tocando sus genitales. No pude deducir utilizando la lógica cartesiana que papel desempeñaba este sujeto. Si era un enfermero muy venido a menos, si se trataba de un enfermo harto de estar en su cama que andaba deambulando por los pasillos y llegó hasta la sala de estar a buscar charla, o quién diablos era. Lo que si tenía seguro era una incapacidad de retener líquidos (o sólidos) muy grande, puesto que iba al baño (servicios se dice acá) a cada rato.

En una de las ocasiones una chica encargada de la limpieza estacionó su múltiple carro con desinfectantes varios en la sala (Mucha falta le hacía al roñoso lugar). La mujer manoteó el picaporte del baño sin siquiera golpear…y se encontró con nuestro personaje meón dentro, lo que derivó en un golpe seco cerrando la puerta del servicio como espantada por lo visto ahí dentro. (¿?)

El tiempo pasaba (esperé 1 hora y media) y la gente seguía llegando como si fuese al baile, saludaban con buenas noches, y entablaban conversación y relación entre ellos como si se conociesen de toda la vida. Iban cayendo y siempre había uno más urgente que uno mismo para ser atendido, por lo tanto, yo, que soy inmigrante ilegal, contemplaba con tristeza como se colaban los insolentes sin decir una palabra. No vaya a ser que me deporten por terrorismo hospitalario. Si tiene que ser, que sea por una causa más digna, joder.

Al fin ya faltaba poco para mi turno, y lamenté no haber portado un libro conmigo, puesto que había tiempo de sobra para haber leído el Martín Fierro y el Quijote.

Uno de los colados, los que necesitaban asistencia URGENTE, salió de ahí teniendo faringitis, y su madre contándole al pobre médico la historia de su familia, que el padre fumaba mucho y que se yo.

A las 3 y pico de la mañana, cuando ya no tenía ni voz para decir qué me acontecía, fui llamada a uno de los consultorios. El doctor comenzó un interrogatorio como si fuese portadora de alguna enfermedad de alto riesgo contagiosa. Y yo me limitaba a responder con monosílabos, vencida por el cansancio y el dolor.
El tipo redactaba un acta que parecía un testamento. Recordé entonces aquellas épocas de análisis freudiano ortodoxo, en que siempre la enfermedad era tema de sesión. Y siempre la garganta era síntoma en mí. Mi ex analista hubiese argumentado: “Hay algo de lo NO DICHO que hizo síntoma y se coló desde lo real a lo símbolico” Y eso me hubiera costado quien sabe cuantas sesiones hasta desanudar el síntoma y librarme del mal.

Pero volviendo al doctorcito en cuestión, parte del cuestionario era qué análgesicos yo toleraba sin problemas. Luego de responderle que solo era alérgica al Ibuprofeno, el tipo no quedó conforme con mi respuesta e insistió, desplegando una serie de nombres de remedios que en mi vida había escuchado. A lo que respondí que desconocía los remedios españoles.

- A ver…-protestó impaciente- y qué medicamentos “de allí” tomabas sin problemas??
- Amoxidal, amoxilina –contesté un poco cabreada
- Eso no es un analgésico, es un antibiótico – dijo el tipo

Yo estaba a punto de empezar mi sermón de la montaña y tenía ganas de decirle unas cuantas cositas. Como por ejemplo, que el médico era EL, y yo no tenía porque carajo saber la diferencia entre análgesico y antibiótico, y hacía 20 minutos que no paraba de preguntar estupideces y no me ayudaba en nada!!!! Y que además, tan poco me interesaba la medicina, la biología y todos sus ecuaces, que ni siquiera había aprobado Biología del CBC, teniendo que mentir en la declaración jurada para poder entrar en la carrera con esa deuda oculta.

PERO….antes de que me suba la tanada y empezar a putear hasta Colón por habernos colonizado, hice un “ommmmmmmmm” interno y recordé mi situación de clandestina, y me limité a cerrar la boca.

Al final, cuando le pregunté “Qué tengo?”, porque ahora la impaciente era yo… el tipo se limitó a decir “Yo no le veo nada” y a repetir lo mismo que yo le había contado “Será producto de la muela quizá… la faringitis mal curada…” Y yo insistí: “Y mi garganta?????”. “Está un poquito inflamada.”

Para mi asombro, acá en el primer mundo, o en el tercero, siempre llego a la conclusión de que los médicos con certeza no saben un carajo. Que todas sus afirmaciones se remiten a un quizás, tal vez, puede ser, a lo mejor sea tal cosa.

He visitado varios hospitales públicos, porteños y bonaerenses, incluso el de Quilmes durante la hegemonía de Duhalde como gobernador, y aún así nunca vi nada como este.
Y para terminar la noche con el cartón lleno, me entero de que como norma en los hospitales no se hacen recetas. Y que el parte larguíiiiiiiiiiiisimo que había llenado el doc, era para que yo visite al día
siguiente a mi médico de cabecera, encargado de hacerme la receta correspodientes de acuerdo a las ilegibles y detalladas indicaciones del hospital.

A esa altura estaba al borde del colapso, porque si lo hubiera sabido de antemano me ahorraba todas estas peripecias, me aguantaba el dolor hasta el día siguiente y listo el pollo.

Aprendi que la próxima vez que se me ocurra asistir a una sala de urgencias, más vale que me haya quebrado al menos una pierna y tenga un ojo en la mano. Que ellos no están para estas otras sutilezas….

No obstante y de pura desconfiada nomás, al retirarme con estilo pasé nuevamente por la mesa de entradas a intentar dialogar con la sorda en búsqueda de aquel preciado favor que era la receta.
Fue inútil. Se limitó a decir… “Noooooooo. Aquí en el hospital no se hacen recetas….”

Así que partí con mal humor y más dolor, que culminó con final feliz gracias a la buena voluntad del farmacéutico de la vuelta de casa, que me vendió el antibiótico sin receta porque me conoce, y prometí llevárselo al día siguiente, luego de mi visita al médico de cabecera.

Hace ya unos cuantos años atras, y sin verdadera conciencia de lo que se venia por delante, me fui a vivir a Madrid. Solo tenia mi pasaporte del Mercosur, totalmente inutil a la hora de trabajar.

Sabia que contaba con 3 meses de estadia como turista. Asi que llegue, y estuve una semana recorriendo la ciudad. En ese entonces paraba en un hotelito cerca de Sol.

Una mañana me levante y compre el Segundamano. Me fui a un bar a desayunar y dar una ojeada a los avisos de trabajo. Llame a 3 lugares, y en uno de ellos me dijeron: Puedes venir a una entrevista ahora mismo? Claro que si! -respondi anotando la direccion sin tener idea de las calles ni las distancias.

Tome un taxi y le indique: Poligono industrial… carretera de Barcelona kilometro tal… sonaba al culo del mundo. Llegue a la empresa de transportes que era tambien un frigorifico. Me atendio una chica muy chula, me hizo una prueba de ingles. Hablamos 15 minutos de cosas y me dijo: Bueno felicitaciones, el puesto es tuyo. Puedes empezar mañana?

Emocionadisima acepte. Apenas pregunte el sueldo, que era en pesetas y yo ni sabia lo que valian… pero que mas podia pedir… estaba sin papeles y me estaban ofreciendo un trabajo.

Al dia siguiente estaba alli. Nunca voy a olvidar mi primer semana de trabajo en el frigorifico. Olia a carne podrida. No entendia el acento de nadie. Yo estaba ahi para atender el telefono, para traducir papeles, hablar en ingles con Rusia y Bulgaria, los principales destinos de exportacion de la carne española.

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Apenas podia entender a los españoles. Todas las cosas de oficina tenian un nombre distinto: boli, taladradora, ordenador, grapadora.

Aprendi a los tropezones. Mis primeras frases españolas son las que me enseñaron alli: Buscate la vida, y Tu mismo.

Aqui los jefes eran “Gran jefe” y los demas un poco subditos y sin lugar a opinion.

El gran jefe se creia muy listo. Lo era, cabe decir. Era el mas inteligente de los 3 hermanos, bueno para los numeros y los negocios. Venia por las mañanas y esperaba que todo el mundo le sonriera.

Y si alguna tenia un mal dia, preguntaba: Que pasa que tienes esa cara? No has follado anoche o que?

A pesar de todo, y con el paso del tiempo, me diverti trabajando para esta gente. Aprendi mucho sobre la condicion humana.

Tengo unas cuantas anecdotas de aquella epoca que ire contando aca… porque las historias que no se escriben se pierden para siempre.

De vuelta

January 29, 2008

warriewod

Hace 5 dias que llegue a Sydney, y todavia estoy aterrizando.

Voy en el bus escuchando Ruben Rada y el paisaje es otra cosa… no es ni Buenos Aires ni Montevideo. Pero la musica me lleva de vuelta alla, al rio de la Plata.

Tengo que ponerme a laburar, a ajustar un poco la realidad pero quiero estar alla y aca en simultaneo. Y de repente me pregunto: que estoy haciendo aca? Con este oceano, este idioma y esta cultura que no me pertenecen.

Donde estan las calles empedradas de San Telmo? Donde estan las charlas de cafe que duran horas sin que nadie te eche del bar?

Y bueno… este blog sufre las mismas contradicciones y tambien esta pensativo, meditabundo y transitando alguna perdida.

Siempre es la misma historia: llegar a Buenos Aires es un shock.

Hoy me pregunte que sentiran los turistas verdaderos cuando llegan a la terminal de Aerolineas. La decadencia se respira a cada paso, enseguida el argentino “piola” muestra la hilacha tratando de sacar tajada como pueda y de lo que sea.

Taxi por el conurbano bonaerense hasta capital. 32 grados y sin aire acondicionado hasta que el taxista se digna a prenderlo. Panorama-paisaje: los muchachos en cuero en la parte de atras de la camioneta, el trafico de locos, las familias numerosas haciendo picnic en un pedacito de verde.

Son las 6 y 10 de la tarde y el tachero nos deja en Lima y Humerto I, con 4 valijas y 2 bolsos en una ciudad desierta. Pasan los pibes y: flaco, no tenes una moneda?
Yo estoy casi con taquicardia. Osvaldo dijo que iba a venir 6 y media a entregar la llave. Dijo que quizas llegaba un poco antes… pero sabra este hombre… que cada minuto aca parados conlleva mas adrenalina que correr una maraton?

Finalmente aparece Osvaldo. Me lo imaginaba de traje, pero viene asi nomas, con una bolsita de plastico en la mano… Disculpenme chicos, es que vengo de Florencio Varela.

El departamento era mas lindo visto por Internet, pero safa. De repente el barrio es mas Constitucion que San Telmo. Y bueno… todo no se puede, deja de pretensiones y adaptate nena.

Para sumar mas a las 16 horas de vuelo (con retraso de Aerolineas) mas el primer cara a cara con la ciudad, pedimos otro taxi con direccion Quilmes.

Por donde voy? Porque no tengo ni idea -dice el tachero- Voy por la Mitre o por la autopista. Es cerca de Camino General Belgrano?

Anda por autopista por favor, y no… es Quilmes ESTE, ni cerca de Camino General Belgrano.

Autopista Buenos Aires – La Plata sin cinturon de seguridad, porque estan rotos. Estan de muestra por si lo para la cana.

Carteles de Scioli por toda la autopista, villa miseria de Wilde, por fin la salida a Quilmes con un letrero pintado sobre la pared: Bienvenidos al Balneario.

Que balneario? Si desde que yo naci las aguas del rio de la Plata estan contaminadas, y el que se baña ahi es un kamikaze!

Y despues la familia: mis hermanos, mi viejo, mi sobrina hermosa Giuliana que baila y habla en quien sabe que idioma… Reencuentros de desencuentros.

Buenos Aires me da miedo. Me siento insegura en el caos, y ya extraño Lane Cove y el verde de mi barrio australiano.

Pero Buenos Aires fue mi casa durante 27 años. Como es posible sentirse tan ajena de repente?

Esto va a pasar, estoy segura. Mañana desayuno en Plaza Dorrego y espero poder reencontrarme con mi ciudad y mi pasado.

Volver a casa

December 19, 2007

Es 19 de diciembre ya, como se paso el año, que lo re pario. Otra noche lluviosa en Sydney (estamos jodidos con el tiempo) esta vez escuchando los CDs de Ruben Rada que me trajo Ale de la patria.

En menos de 15 dias, vuelvo a casa.

Como? Que casa?

Si, vuelvo a Buenos Aires despues de casi de 2 años y tengo ganas de reencontrar-me con la ciudad, con mi gente, con mis paisajes preferidos.

Cumpli 3 años en Australia (ya?) y la verdad puedo decir que es un lugar unico y estoy feliz de estar aca, semi-adaptada (lo absoluto nunca fue lo mio, siempre fan de la teoria de Einstein).


Australia no es el paraiso exotico que todos soñamos alguna vez (hasta Javier Bardem en “Los lunes al sol” alucinaba con vivir aca).

Pero si, me ha permitido cosas que casa no. Me ha permitido laburar en lo que me gusta y crecer en un ambiente multicultural aceptando las diferencias del otro.

En mi laburo convivo con sudafricanos, indios, chinos, ingleses, filipinos, indonesios (ademas de aussies)… y es una experiencia interesante. La gente me pregunta si soy de Nepal o de Sri Lanka, todavia no hay tantos latinos por aca.

Pero… (siempre un pero en esta vida) a esta cultura le falta un cacho de pasion. Son friiiiioooossss los sajones, no hay con que darles.

Se acordaran de aquel relato del concierto de los Rolling Stones. Un estadio lleno y los tipos no mueven el culo de la silla. Nadie grita, nadie baila, nadie canta. Salvo gente como uno, los argentinos papeloneros de siempre, dispuestos a festejar lo que sea (menos mal).

La argentinidad (o el latinaje) se lleva en la sangre, y quizas viviendo en otra cultura es donde mas se pone de manifiesto.

Aca mismo hemos hecho cosas impensables, como ir al club uruguayo a cenar el mismo dia de la final del campeonato mundial de cueca (pal que no sabe: baile nacional chileno).

Todo el club repleto de banderas chilenas, Chile de aca y alla; y en el medio… una mesa de 15 monos con servilletitas celestes y blancas aplaudiendo la cueca chilena, que en la putisima vida nos importo! Es mas, nos enteramos lo que era la cueca esa misma noche.

Esas rarezas suceden aca… la peña de Cacho… otro ejemplo fiel.

Por eso tengo ganas de volver a casa. Para comerme un buen asado con amigos, salir a caminar por Avenida de Mayo, sentarme en un bar nada mas que con un café y un libro, abrazar a la gente, tomarme unas Quilmes (como seran las Quilmes despues de tanta cerveza Australiana?), desayunar en Plaza Dorrego con medialunas, llorar escuchando un tango…

Y por supuesto aterrizar en un universo que deje atras hace 7 años, y replantearme lo bueno y lo malo de haberme ido en busqueda de otros horizontes.

Ya se… esta vision idilica se me va a hacer pedazos con la realidad. Y estare a las puteadas cuando tenga que esperar el 98 –ramal 2 que atraviesa la villa miseria de Wilde- durante 40 minutos… pero esas son las pequeñas cosas que le dan a la vida un toque de sabor.

Ojala vuelvan por aca para leer mas relatos desde Buenos Aires.

Relato desde el tren

December 8, 2007

Estoy en la estación esperando mi tren a Hornsby. Es la mañana de un lunes cualquiera. La gente camina por el andén con su café descartable en la mano.

Me subo a un vagón pensando que llego tarde de nuevo, aunque poco me importa. Miro por la ventana el paisaje que desaparece. Las estaciones siguen pasando: Roseville, Linfield, Killara. Personas que suben, chicos del colegio que bajan.

Tengo que escribir sobre el nacimiento y la muerte. ¿Por qué no buscar en mi propia historia?

Me fui de Buenos Aires hace unos años, con una maleta llena de recuerdos. Aterricé en Madrid con el tango a cuestas y la incertidumbre del recién llegado.

El tiempo pasó. Cambié la milonga por las sevillanas y mi escala de grises por los colores madrileños.

Estuve cuatro años en el viejo continente. Me tomé muchos trenes con distintos rumbos.

Escribí postales y cartas por el camino. Hubo ciudades que pasaron desapercibidas, pero otras tantas que me dejaron huella.

Tengo una colección de imágenes que llevo conmigo: la primera vez que vi Plaza Mayor; el Guernica de Picasso; las calles empedradas y húmedas de Viena; el Castillo de Kafka en una Praga amenazante; la estética incomparable de Barcelona; la casa de Dalí en Port Lligat; el concierto de Roger Waters en Lisboa; los canales de Amsterdam; las papas fritas belgas; los molinos de Don Quijote en Castilla La Mancha; los colectivos dobles de Londres; los atentados terroristas del 11 de marzo en Madrid, y mas de 2 millones de personas en las calles bajo la lluvia gritando: No estamos todos, faltan doscientos…

España cumplió su ciclo y entonces partí hacia Sydney, pasando antes por Buenos Aires para tomarme un café con leche en el Bar Británico.

Hace un año que estoy en Australia. A veces extraño San Telmo y por momentos echo de menos Madrid. Mi historia es un collage con retazos de distintos lugares. El nacimiento y la muerte forman parte de mi recorrido. Me atrevería a decir que forman parte de todos. En cada elección que hacemos, aquello que dejamos de lado muere, para dar lugar a otra cosa.

Solo se trata de saber que podemos cambiar de rumbo cuando nos sea necesario. Dentro de unos meses, la semana que viene, esta misma noche podemos elegir tomarnos otro tren con destino incierto. Dejar que el azar entre en nuestras vidas y empezar desde cero, otro viaje.