Una vez mas, llegó el momento de la despedida. Y también llegó el momento de hacerle justicia a Buenos Aires, después de reiteradas críticas.
Es que lamentablemente, se ven las diferencias antes que nada, los contrastes entre ésta ciudad y aquellas a las que uno ha elegido por adopción.
Pero Buenos Aires sigue siendo profundamente cautivante. Una ciudad llena de historias, sólo basta salir a la calle a observar, y las historias fluyen en cada esquina, en cada bar, en cada persona con la que uno se cruza.
Buenos Aires es como el primer amor: un recuerdo agridulce, que genera una mueca de sonrisa y a la vez unas ganas terribles de salir corriendo.
Es una ciudad canalla, donde todo vale. Donde el tipo que te para el taxi y te abre la puerta (nuevo oficio en épocas de rebusque) te larga sin ningún pudor: Buen día señorita, ¿soltera o casada?
Donde el peluquero habla por teléfono delante de las clientas y dice que de tal hora a tal hora no puede porque tiene terapia. Donde los tipos te dicen piropos al caminar por la vereda. Donde se escuchan conversaciones privadas en cualquier bar, conversaciones que delatan historias que claman ser contadas.
Siempre suena un tema de Charly en un bar de Buenos Aires. Siempre está la negra Vernaci en Tarde Negra para hacerte partir de la risa. Siempre están los sanguches de bondiolita de cerdo en los carritos de Costanera Sur, las picadas de Territorio en San Telmo, los asados en cualquier casa o bodegón.
Pero por sobre todo, siempre están los afectos: la familia, los amigos del alma, la calidez de su gente. Por eso siempre vuelvo. Porque por más que uno putee cada vez que vuelve por las veredas rotas, el ruido, las colas… todas éstas cosas pasan a un segundo plano frente a un buen asadito con amigos, o a una de esas charlas interminables de bar, entre café y café, o cerveza y cerveza.
Me voy despidiendo con un gran abrazo a mi ciudad, una nota sobre canciones porteñas y una canción. Hasta siempre Buenos Aires. Hasta la próxima visita, el próximo café, el próximo encuentro.
Historia desde un remis
April 2, 2011
Durante este viaje no me animé a tomar el 98 con destino Quilmes.
Si tomé colectivos en Capital, y hasta el tren desde Retiro a Tigre, pero preferí sustituir el 98 por el remis.
Ayer volviendo de Quilmes a San Telmo por la autopista Buenos Aires-La Plata, el remisero me contó una historia.
-Yo no voy a estar haciendo esto por mucho tiempo mas. Ya me jubilé, estoy esperando que me salgan los papeles. Tres meses, me dijeron. Me corresponden cuatro mil pesos.Y después vuelvo a la ruta.
-¿A qué ruta?
-Soy camionero de toda la vida. Me llevo bien con la dueña de la agencia, si hasta compró autos nuevos, cero km y me dijo: Carlos, éste es para vos. Yo le digo todo que si, pero ni bien me salgan los papeles, chau.
-Imagino que será muy distinto manejar en ruta que en el kilombo de provincia y capital. ¿Y qué viajes hacía?
-Buenos Aires-Ushuaia, a veces al norte también. Otra cosa… además yo paro todo el tiempo, somos un grupo de muchachos que nos juntamos a comer, en cada parada. Acá tengo que ver a mi mujer todos los días, no la aguanto más.
-¿Y cuantos días le lleva llegar a Ushuaia desde acá?
-Cuatro días. Vas parando en Comodoro, Puerto San Julián. Mirá yo tengo una de historias con el camión… Una vez levanté una chica en la ruta haciendo dedo, recién recibida, con el título abajo del brazo. Radióloga. Me dijo que iba para el sur, a conseguir trabajo, que acá en Buenos Aires no estaba teniendo suerte. Yo le dije: te llevo. Tengo un par de contactos allá. Pero antes que nada le aclaré: mirá entre nosotros no va a pasar nada. Si alguno de los muchachos te dice algo le rompo la cara. Hacé de cuenta que soy tu padre. Acá hay dos camitas, vos dormís en la de abajo, yo en la de arriba… y la cama de abajo… sagrada.
-Ajá
-En camino llamo por teléfono a un conocido del hospital de Comodoro. Le digo: tengo una chica recién recibida, buscando trabajo…
-¿Dónde está?
-En el camión
-Traela ya. ¡Traetelá!
-Fuimos. le dijo: piba mirá, podés dormir en esta piecita de acá, empezás a laburar mañana, tu sueldo va a ser de tres mil pesos. No lo podía creer. Hoy, es la directora de radiología del hospital, los médicos la adoran.
-Qué bien… y ¿cómo es que esta mina llegó a hacer dedo en la ruta para conseguir un laburo? ¿Tiene familia?
-Mirá, se vino del norte, la trajeron engañada… si a mi me contó que los primeros tiempos tuvo que trabajar hasta de puta para pagarse los estudios. Pero ella tiene un orgullo de haber llegado donde llegó… sorteado tantos obstáculos…
-Me imagino…
-Yo además, a través de un contacto, le hice conseguir una casita. Ahora tiene novio, se está por casar. Me dijo que quiere que sea el padrino. Le saqué a pagar todas las cosas para la casa: la heladera, el lavarropas. Me pregunta: ¿cuánto te debo Carlos? Cuando cobre te deposito, y cada par de semanas me encuentro en la cuenta bancaria con algunos pesos que me va devolviendo.
-Pero mire usted qué historia. Estamos llegando, es en la otra esquina. ¿Cuánto le debo?
-Con los peajes cincuenta y tres. Decime una cosa: ¿de qué laburás vos?
-En diseño gráfico
-Ahhh haceme un favor: andate del país… ¡rajá cuanto antes posible! Chau piba.
-Gracias. Chau, que le vaya bien y que le salga la jubilación pronto, así vuelve a las rutas.
Dedicado a Carlos, por haberme regalado esta historia.
Odiseas porteñas: conseguir entradas para ver a Joaquín
March 30, 2011
Lo sé. Les prometí ser un poco más optimista y no está ocurriendo. Pero creí oportuno relatarles la odisea que fue el intento de conseguir entradas para ver a Joaquín Sabina en el Luna Park.
Tengo que aclarar que vengo persiguiendo un concierto de Joaquín desde hace mucho tiempo, incluso cuando viví en Madrid, siempre fue imposible conseguir entradas. Cabe decir, que en Argentina amamos más a Sabina que en la propia España.
Al principio había descartado toda posibilidad, porque las primeras fechas eran a partir del 7 de abril, y ya no estaría en Buenos Aires para entonces.
Pero el lunes por la noche, leyendo el Radar de Página, me entero de que hay conciertos nuevos, y que incluyen el 2 y 3 de abril.
Desesperada, voy a la web del Luna Park que me lleva a TicketPortal, que me dice que están agotadas para el 2, pero que quedan algunas plateas para el 3. Sólo se venden con tarjeta Visa. Llamo a mi hermana para pedirle la tarjeta, pero resulta que únicamente el titular puede recoger las entradas, y se complica el panorama.
Decido levantarme temprano al día siguiente e ir directamente al Luna Park. Antes de salir del departamento, llamo para asegurarme de que queden y me dicen que sí, que quedan entradas de $480. De mis amigas, solo Cari tenía interés en el concierto.
Estoy poniendo la llave en la cerradura, y recuerdo que los cajeros porteños no te dan más que $1,000 por día, y que si uno necesita más, tiene que pedirlo por ventanilla, lo que implica hacer la cola del banco. Entonces agarro unos dólares, el pasaporte y me voy.
Paso por la casa de cambio, cerrado. Entro al cajero de San Telmo, no le da la gana darme el dinero.
Empiezo a hacer la cola para pedir el efectivo en el Banco Itaú. Tardan tanto que me voy, me tomo el colectivo en el bajo hasta el Luna Park y decido que ya sacaré plata cerca de ahí.
Antes que nada voy a la boletería del Luna, hago la cola, llego y pregunto si quedan entradas para Joaquín para el domingo, me dicen que sí, que quedan las de $480. Le mando un sms a Carina para que me confirme si quiere una o dos, y me voy a buscar un banco para sacar la plata.
Entro al Banco Santander (ahora Santander-Rio), me pongo a hacer la cola y descubro que las cajas están ocultas detrás de una especie de mamparas, personal de seguridad por todos lados y la cola no se mueve.
Me suena el celular y atiendo. Era Cari. Por supuesto los de seguridad se me vinieron al humo, porque en este país está prohibido hablar por el móvil en el banco.
Me voy del banco a llamar a mi amiga, salgo a la calle, el ruido del tráfico en el bajo se asemeja al despegue de una nave espacial. Mi móvil se encapricha y decide que sólo puede ser usado para llamadas de emergencias. Re-puteo contra Movistar y lo reinicio.
Finalmente llamo a Cari, que me confirma que quiere solo una entrada. Fantástico. Ya no tengo que hacer la cola, puedo extraer de cajero. Entro de nuevo al banco. Los de seguridad me miran como si fuese una terrorista a punto de volarles el lugar. Saco mil pesos y me voy de vuelta al Luna Park, hago la cola, llego a la ventanilla, saco los mil mangos que tenía hechos un rollito en un bolsillo ínfimo -nunca en la billetera-. Pongo la guita en la ventanilla y le digo al flaco: 2 entradas para Sabina para este domingo, de las de $480.
- No me quedan
- ¿Queeeeeeeeeeé? Vine hace 20 minutos y me dijiste que tenías.
– Tengo para el miércoles 6 y el domingo 10.
– Pero no te puedo creer, la reputa madreeeeeeeeeee, no voy a estar en Buenos Aires.
El flaco me mira con cara de indiferencia, hago un bollito de vuelta con los mil mangos y me voy caminando despacito, casi al borde del llanto. Una vez más, me quedo sin ver a Joaquín.
Estoy cruzando la avenida y escucho ruidos como de fuegos artificiales, lo cual es un poco extraño siendo pleno día. Llama mi hermana y le cuento la historieta de las entradas, y también lo de los ruidos.
- Son bombas molotov, debe haber alguna manifestación cerca…
Recuerdo que tengo encima los dólares, el pasaporte, los mil mangos y rajo lo más rápido que puedo de ahí. Termino en Puerto Madero, donde parece otro país y me siento 5 minutos a descansar en un banco.
Miro los barcos, los edificios, los restaurantes, la gente linda y bien vestida, los turistas… ¿es la misma ciudad que acá a 5 cuadras? Sí.
Entro al museo de Amalita Fortabat, donde tiene en exhibición toda su colección de arte. Es impresionante, está a la altura de cualquier museo europeo. El diseño, la señalización interna, hasta los baños son un lujo.
Me dan un folleto que es más grande que mi cartera. Las obras son de una diversidad enorme. Pintores argentinos, latinoamericanos, europeos, de casi todos los movimientos artísticos.
Entre algunas rarezas encuentro un cuadro de Ernesto Sábato y un retrato de la Señora Amalia hecho por Andy Warhol.
Una vez más, Buenos Aires se ha superado a sí misma, y ha convertido mi mal humor de la mañana en una sonrisa.
Seguiré adelante con las historias porteñas y que vaya surgiendo el optimismo desde los escombros, como en la vida misma.
Buenos Aires es un sanguche de salame
March 28, 2011
Acá estoy. Llevo 4 días en Buenos Aires y se podría decir que ya es hora de comenzar la adaptación al caos porteño. Pero no. Todavía estoy en la lucha.
Este cuadro que ven, está colgado en la pared del departamento que alquilé. Es una metáfora de la realidad argentina. Si bien es terriblemente deprimente verlo todos los días -justo arriba del escritorio desde donde les escribo- tiene elementos que me recuerdan a mi infancia: el sanguche de salame y el sifón. La sensación agridulce que me genera este cuadro, es parecida a lo que representa para mi volver a Buenos Aires.
Buenos Aires me mata. Y si bien se que queda mucho por re-descubrir, en los primeros momentos… Buenos Aires es el sanguche de salame y el sifón.
Mi sueño sigue trastocado, mejorando de a poco, pero aun me despierto a las 4 de la mañana y tengo los ojos abiertos como platos. El ruido de esta ciudad es abrumador. A cualquier hora, en esta concurrida esquina de San Telmo, se escucha todo. Son las 2 de la matina y se escucha gente que va o viene de joda, alarmas de coches sonando, puertas y portazos, un lavarropas o secaropas en el departamento de al lado, camiones de la basura, colectivos y un etcétera interminable.
Miro el reloj y son las 7 y pico, sigo sin dormir. Prendo la Rock & Pop y escucho las noticias sobre el bloqueo a Clarín. Un piquete por mas de 12 horas impidió ayer la distribución del diario. La empresa acusó a Moyano, pero el líder de la CGT aseguró que su gremio no intervino.
Tres horas y media después, me despierto sobresaltada con Pergolini a los gritos, puteando porque se fue el fin de semana largo a Miami, y lo dejaron varado en algún aeropuerto.
Bueno, ya es hora de levantarse y me dirijo a la cocina del departamento con ganas de tomar un café. Tengo una cafeterita triste pero le pongo voluntad. La parte del filtro debe pertenecer a otra cafetera, porque parece mas grande y no encaja bien con el tamaño de ésta. Al primer intento, se me rebalsa toda el agua, inundo el piso de la cocina, tengo que recurrir al ya olvidado trapo de piso -por supuesto agujereado y mugriento- para limpiar el kilombo que armé.
El segundo intento de hacer café viene mejor, lo estoy oliendo de cerca, agarro una taza, le pongo una de azucar y la lleno. Voy al escritorio a buscar algo y cuando vuelvo veo que la tacita estaba rajada, y por ende todo el café derramado en la mesada de la cocina.
Ya me calenté, dejé todo hecho un kilombo y me fui a desayunar a Plaza Dorrego. Había demasiada gente en San Telmo, pero era temprano, así que compré un diario y me senté a tomar un café con leche con medialunas. Me cobraron $18.
Aprovechando que estoy en plan crítica, me voy a despachar también contra Movistar, que me parece una empresa de cuarta.
El solo hecho de tener que ir al kiosquito a comprar la tarjeta de recarga, que no tengan de mas de $30, que cuando voy a pagar con 100 me dicen: Noooooo a esta hora no te puedo cambiar, no tenés mas chico?
Que los $30 de recarga me duren un solo día. Que cuando quiero registrarme online para ver que me están cobrando, la web no funciona al momento de ingresar la clave, me da un error. A la tercera clave que me enviaron por sms, y al cuarto intento de registrarme online, mandé todo a tomar por culo.
Para despejar la cabeza y la mala onda, me fui con Jime al Museo de Arte Decorativo a ver una muestra de dibujos y grabados de Paula Modersohn-Becker y los artistas de Worspede, una localidad alemana a unos 20km de Bremen. Estas obras fueron realizadas entre 1895 y 1905. Esta búsqueda de los artistas que salen de sus estudios a pintar en contacto directo con la naturaleza, desembocará luego en el Impresionismo.
Caminando por Avenida Libertador, coincidimos en que esta parte de Buenos Aires es otro mundo. Por acá no se ven carteles de la campaña de Duhalde, la gente con botox toma cafecitos en bares paquetísimos, y las plazas tienen carteles invitándote a hacerte amigo de ellas en Facebook.
Terminamos tomando algo en el bar de la biblioteca nacional (divino) con amplios ventanales a vistas verdes.
La tarde terminó mejor que la mañana, con mi sobrina en el museo Prohibido no tocar del Centro Cultural Recoleta. Y entonces se me empezó a abrir un poco el panorama. De a poco puedo empezar a trascender el sanguche de salame y encontrarme con otras opciones. Uno de miga quizás.
No me interpreten mal, amo a esta ciudad con locura, pero es un amor-odio constante. A lo mejor la clave está en aceptar que Buenos Aires puede ser muchas cosas a la vez, y que es la riqueza de su diversidad la que la hace tan interesante, tan única, tan esquizofrénica, tan propia.
Avanti morocha, seguiré con los relatos y descubriré cada dia nuevas facetas de la ciudad de la furia.
Bienvenidos a Argentina
March 24, 2011
Llueve en San Telmo y pasa el camión de la basura por la esquina.
Estoy en Buenos Aires otra vez. Vine con expectativa cero, pero aun así llegar a la patria siempre es un shock al sistema.
Ezeiza fue un caos. Cola para todo: para sacar plata del cajero, para pedir un taxi (la empresa “oficial” te dice: tengo una demora de 20 minutos. Te dan un papelito por un lado del mostrador y por el otro te gritan (50 minutos después): ¡Setecientos noventa y siete! ¿Quién iba a San Telmo?
En el vidrio de la oficina del cajero hay un cartelito que dice “Por favor no sentarse”. Mientras hago la cola, veo que un tipo viene a sacar el cartel, y lo reemplaza por otro que dice “Por favor no sentarse, Please do not sit”.
Me pregunto que pensarán los turistas cuando llegan a Ezeiza. Colas interminables atraviesan el aeropuerto, el taxista me dice que son de AirEuropa, de los vuelos atrasados por el cierre de principios de semana, que se están regularizando ahora.
Por supuesto que estoy llegando tarde al departamento que alquilé, asi que llamo por teléfono para avisar. Llamo al contacto que me dieron y me dice: llamá a la oficina. Llamo a la oficina y me atienden 3 personas hasta que una se digna a tomar nota y pasar el mensaje.
Por fin 2 horas después de que llegó mi vuelo, logro salir de Ezeiza, y el taxista comenta: mijo me dijo que está cortada la autopista. Así que no se como vamos a llegar, pero ya habrá un cartel que diga algo. Llueve torrencialmente. Trato de pensar en alguna alternativa de ruta Ezeiza-Centro pero no se me ocurre nada.
Ahora están haciendo un puente, se ve que tienen plata porque están construyendo y por eso las calles están todas en obra por acá. No se para qué, si cada vez hay menos vuelos que salen de acá, desviaron un montón a Aeroparque.
Vamos a 130 x la Richeri y veo carteles de Duhalde. Le pregunto al conductor si hay elecciones pronto. Si, en octubre. ¿Y Duhalde se postula haciéndole competencia a Scioli? No, Duhalde va como candidato a presidente.
Taxista hablando por el móvil: No me digas, asi que… ¿no salió nada? Y… no tenía que ser para nosotros. Pero… ¿nada de nada? Le jugaste al 532, ¿no? Y bueno, otra vez será.
Finalmente estoy en San Telmo, no tengo tiempo de salir a recorrer. Me ducho y me pasa a buscar mi hermana para ir a Quilmes.
La autopista Buenos Aires-La Plata es un caos. Todos se están yendo fuera de la ciudad por el fin de semana largo. Recordamos el cuento de Julio Cortázar, La autopista del sur. Vamos a paso de hombre.
Llevo 24 horas sin dormir. No se si reirme o llorar. Buenos Aires tiene esa particularidad de sacarte de quicio, en cada situación. Me había olvidado del ruido, de las colas, el tráfico, la falta de respeto por el otro, y todo esto se presenta combinado cuando uno recién baja del avión. Bienvenidos a Argentina.
Este viaje traerá nuevos relatos y experiencias cotidianas.
No te preocupes Buenos Aires, se que sos mucho mas que caos, y escribiré sobre esto para hacerte justicia. Pero ahora solo quiero dormir.
Sigue lloviendo en San Telmo y suena una cumbia lejana.
Patchwork
March 21, 2010
El verano se me fue entre vida de turista en mi propia ciudad, cambio de trabajo, nostalgias varias y planes para este 2010.
De repente mi cabeza es una nebulosa de ideas que van y vienen. Otra vez tomarme el tren a Hornsby por las mañanas, mirar por la ventana paisajes de bosque escuchando una canción de los Caballeros de la Quema.
Cruzando la estación de tren este paisaje me recuerda a Quilmes. Casi siempre esta nublado en Hornsby, el cielo gris a punto de estallar, las vías del tren… y todo es un poco dark, como el Quilmes de mi adolescencia. Ese pub de la esquina que se cae a pedazos, ese puente que cruza del otro lado… este barrio de clase media con el que es fácil identificarme.
Y por algo será que volví a trabajar acá. Y que elegí este camino un poco mas social, de trabajar para la gente. Desde lo que puedo aportar, diseñar para la comunidad, para los vecinos, los inmigrantes como yo, que están acá echando de menos sus países de origen, pero que conviven en esta tierra aceptando a los otros y sus diferencias.
Por eso no me resulta extraño si suena una cumbia caminando por las calles de este barrio. Y también puede sonar otra música de cualquier parte, y se fundiría facilmente con el paisaje. Porque es un barrio multicultural y uno se siente como en casa.
Hay algo de todo esto que me genera un poco de felicidad, y no se muy bien que es o cómo explicarlo. Una sociedad como una colección de culturas, que van sumando riqueza en el alma, como un patchwork… cada pedacito con un color distinto y aportando algo nuevo para formar parte del gran tapiz.
Y quizás me fui de mambo con esta utopía… pero hoy está gris en el North Shore, suena Macaco de fondo y tengo ganas de volver a Hornsby.
Ultima crónica porteña (hasta siempre Buenos Aires)
September 19, 2009
Siempre que me voy de Buenos Aires llueve. Podría dramatizar y decir que el cielo porteño llora nuestra ausencia, pero en realidad voy a putear públicamente porque me caga mi última posibilidad de salir a caminar por las calles de San Telmo y sacar algunas fotos para el recuerdo.
Esta semanita estuvo llena de cosas para contar. Entiendo porqué los extranjeros llegan a esta ciudad y se quedan fascinados. En Buenos Aires pasa de todo, todo el tiempo. Esta ciudad esquizofrénica no para un segundo, esta en movimiento permanente y llena de personajes y anécdotas.
Mi amiga Jimena propuso ir al cine a ver una película de Leonardo Favio, Aniceto. La daban en Artecinema, unos cines nuevos de Constitución. Zona border si las hay. El taxista nos decía: ¿pero a quien se le ocurre venir al cine acá? Acá te afanan ni bien te bajas el taxi, esto es un desastre, empiezan a los tiros, yo ni loco vengo de noche por acá. Aun así, sobrevivimos la zona y disfrutamos de un peliculón. Favio me gusta porque corre riesgos, hace lo que quiere y le importa un carajo el que dirán.
Ayer habíamos decidido ir con Julieta y mi sobrina a recorrer lineas aéreas, para averiguar precios de vuelos a Sydney. Camino a Lan Chile nos agarró una manifestación de los municipales de la provincia. El taxista se ofuscó con el kilombo de tráfico y nos dejó tiradas por ahí, así que seguimos caminando entre los oficiales de la federal apostados sobre Cerrito, mientras el pueblo avanzaba por la 9 de Julio cantando la Marcha de la bronca, de Pedro y Pablo. Le pregunto a Julieta si estos son del comando anti-disturbios. Y me dice no, es la División operaciones urbanas de contención y actividades deportivas.
Yo quería aprovechar para sacar alguna foto -me encantan las manifestaciones, debo reconocer. Julieta me gritaba: guardá la cámara, guardá la cámara. Y yo le decía: vos callate y cantá la marcha peronista, está todo bien, son trabajadores manifestándose por sus derechos. Y Julieta que No, son chorros, les pagan para venir a manifestarse y están todos borrachos.
El otro día me tomé el colectivo hasta Palermo, bajé en Plaza Italia y le pregunto a uno del puesto de libros: ¿dónde queda la calle Jorge Luis Borges? Me está indicando mientras otro que pasa me grita: ¡Aguante Roberto Arlt!
Y perdoname Cari pero esto lo tengo que contar. Cari se casaba pero no le dijo al peluquero que era la novia, sino que tenía un casamiento. Todo para que no la mate con los precios, así somos en el conurbano. Y el peluquero le empezó a probar peinados, al final terminó diciéndole: mira, no te puedo hacer un peinado muy pomposo porque vas a opacar a la novia!
Fuimos al casamiento en la combi desde el teatro Colón, que atraviesa todo el Gran Buenos Aires Sur: Avenida Hipólito Yrigoyen que no terminaba nunca y Lanús, Banfield, Lomas de Zamora… Damas Gratis toca el 26 en el teatro Coliseo, mientras seguimos pasando por Temperley, Turdera y veo los afiches del iPhone 3G “mas veloz y potente que nunca” que no encajan en estos paisajes del sur que se cae a pedazos. Daniel Scioli es el gobernador de todo esto, ¿Cómo fue? ¿Cómo paso Danielito de competir en motonáutica a ser gobernador de la provincia? Que alguien me lo explique por favor.
Vamos en la combi hablando de Australia, ¿por dónde va el avión? -me preguntan las chicas- Hago un intento fallido de explicar, nunca me detengo a pensar en estas cosas… por el Pacífico creo, va al revés, en dirección contraria al sol… pero me suena raro todo lo que digo y una mujer salta desde 3 filas adelante, se da vuelta y opina: No va por tal lado, va por tal otro. Y por supuesto nada aprendí… porque me quedé perpleja ante la interrupción de una conversacion que parecía privada y que de repente toda la combi opinaba sobre como llegar a Australia sin tener puta idea de lo que estaban hablando. Así somos los argentinos.
Y ya me voy, una pena no estar acá para el concierto de Charly en Velez en Octubre. Una pena el tema de los medicamentos truchos, el desempeño de la selección argentina frente a Brasil y Paraguay, una pena que me hayan quedado tantas cosas por hacer, tantos cafés con amigos por tomarme, tantas calles por caminar y rincones esperando convertirse en una foto. Pero hoy llueve en Buenos Aires como cada vez que me voy, y llueve un poco en mi corazón también, aunque suene grasa decirlo, llueve en mi alma porque de nuevo dejo mi ciudad, mi casa, mi gente.
Hasta siempre mi Buenos Aires querido. Cuando yo te vuelva a ver… no habrá mas penas ni olvidos. Chan Chan.

mural en San Telmo
Conurbano
September 15, 2009
Nací un 11 de junio en el hospital de Quilmes, la sala de maternidad recién inaugurada por el General Perón.
Mi abuela trabajaba en una fábrica textil y había votado a Palacios por la ley de la silla, que beneficiaba a los obreros. Siempre estaba de buen humor. Cantaba tangos y candombes. Salía a hacer los mandados a las 9 de la mañana y volvía al mediodía porque cada media cuadra se encontraba con alguien y se quedaba charlando con todo el barrio.
Mi viejo también fue obrero, parte del sindicato cervecero. Nos intentó inculcar esos valores de la lucha de clases, los derechos humanos. Algo heredamos, aunque quizás no tanto como le hubiese gustado. Se anotó como voluntario para manejar tanques en la guerra de Malvinas. Nunca pude entender el porqué. Nosotros éramos chicos y llorábamos para que no se vaya. Pero nos decía: hay que salir a defender a la patria.
Mi viejo me enseñó a leer antes de ir al colegio. Mi vieja siempre nos decía: somos pobres. Pobres pero honrados -aclaraba mi abuela- mientras cantaba:
Cuando rajés los tamangos
buscando este mango
que te haga morfar…
La indiferencia del mundo
que es sordo y es mudo
recién sentirás.
Verás que todo es mentira
verás que nada es amor
que al mundo nada le importa
Yira… Yira…
Yo crecí feliz en el barrio, haciendo tortas de barro y jugando en la vereda hasta que bajaba el sol en las tardes de verano. Nunca me imaginé que los caminos elegidos me iban a llevar lejos. No estaba en mis planes cruzar tantos océanos. Pero me fui.
Me fui yendo de a poco. Primero al centro, cuando el barrio ya me quedaba chico para satisfacer las pretensiones culturales. Después me enamoré y me fui mas lejos. A Madrid.
Ahí cambie de barrio y el gris porteño se fue evaporando de a poco, para dar lugar a la fiesta de cada día. Los madrileños me cautivaron con su pasión por la vida.
Y después me tocó irme de nuevo, aun mas lejos esta vez. Aterricé en Sydney con shock cultural pero me fui asentando. Y ahí me quedé. Ahora mi barrio es verde y tengo nuevos horizontes por descubrir.
Pero cada tanto vuelvo al conurbano, porque de acá soy. Soy del sur y esta inscripto en mi historia, como tantas otras cosas, a veces duele, pero siempre vuelvo.
Vuelvo al sur
Como se vuelve siempre al amor
Vuelvo a vos
Con mi deseo, con mi temor
Llevo al sur
Como un destino del corazón
Soy del sur
Como los aires del bandoneón
Sueño el sur
Inmensa luna, cielo al revés.
Vuelvo al sur
El tiempo abierto y su después
Quiero al sur.
Su buena gente, su dignidad.
Siento al sur.
Como tu cuerpo en la intimidad.
Te quiero, sur . . .
Te quiero, sur . . .

El Roca pasando por Quilmes
Crónica porteña
September 14, 2009
Acá estoy de nuevo para contarles flashes de la realidad porteña, cosas que suceden en el día a día y que hacen de ésta parte del mundo un lugar especial. Por momentos se siente el “Buenos Aires me mata”, pero uno sabe que no es para siempre.

vista porteña desde Plaza de Mayo
La Rock & Pop suena de fondo con la votación abierta entre Appetite for destruction de Guns n Roses y Nevermind de Nirvana. Mi voto va para los Guns, aunque Nevermind va ganando hasta ahora.
Una rareza -para mí- es que la otra tarde viajando en el 103 desde Av. Belgrano hasta el bajo, cuando me paro para tocar el timbre, leo http://www.fotolog.com/103_qc arriba de la puerta de bajada. Haciendo una nota mental, tuve que chequear esta web al llegar a casa, para descubrir que los colectivos también tienen su blog. Y se pueden leer cosas de este estilo “Llegó el interno 38 de carrocería, con paragolpes cromado y 4 uñas. Muy bonito, lástima que estaba un poquito sucio…”
Otra curiosidad que encontré: el otro día en el salón de belleza preparándome para el casamiento de mi amiga Cari, es que Susana Gimenez tiene su propia revista llamada originalmente Susana, pero lo mas loco es que Susana sale en todas las tapas de Susana, y cuando hay que modelar peinados por ejemplo, también es ella la modelo. Y después hablan del monopolio Clarín.
El jueves en un bar en Palermo pedimos un jugo de naranja y el mozo vuelve al rato de tomar el pedido para hacer una aclaración: mirá que el jugo de naranja no es 100% natural. A lo cual le pregunté -para joderlo nomas- ¿Y que porcentaje de naturalidad tiene? Un 70%. Entonces si, traeme uno.
Ya a ésta altura de la semana todos habrán escuchado la frase del momento, que pertenece a Bilardo en relación a si pensaba cambiar de técnico para la selección nacional.
Esto empezó así y tiene que terminar así. Si viene Jesucristo o la Virgen María, la aceptamos, si no, no.
Y para terminar este post, los dejo con el relato de un taxista que se empeñó en contarnos su vida en un viaje desde Palermo a San Telmo. El hombre defendía a toda costa su trabajo de tachero, de 8 horas, mientras su mujer re progre le rompe las bolas todo el tiempo para intentar progresar en la vida: ¿Por qué no vas al gimnasio? ¿Por qué no cambiamos la cama? ¿Por qué no te buscas otra cosa, asi juntamos unos mangos y podemos irnos de vacaciones?
El hombre aprovechó para hacer catarsis con nosotros, y nos contó: Yo ya cargué bolsas en el puerto durante muchos años, ahora dejame de joder. Prefiero disfrutar de un asadito todos los sábados, tener tiempo para jugar con los pibes, en vez de matarme 365 días al año para disfrutar 15.
Además yo antes me hacía mala sangre por todo, y desde que tuve el accidente en el 92 casi me voy a tocar el arpa, desde ahi que cambié mi actitud ante la vida.
¿Y qué te pasó? ¿Chocaste con el auto?
No. Una puerta que andaba volando me pegó en la cara y en el hombro.
¿Qué?
Si, una cosa de locos. En esa época hubo un temporal en Buenos Aires. Estábamos en la terraza de mi amigo, festejando su cumpleaños, una mesa larga, éramos como treinta. En eso viene una puerta volando y me pega justo a mi. ¿A vos te parece? ¡Justo a mi! Además la puerta no era ni siquiera del barrio, andá a saber desde donde vino. Al otro día me desperté en el hospital todo entubado, y mi amigo estaba al lado de mi cama. Lo miré y le dije: Decime que por lo menos nos vamos a Marte.
Bueno los dejo por hoy. El próximo relato les cuento sobre el Gran Buenos Aires.
Volver a casa por la aerolínea de bandera
September 4, 2009
Estoy en Buenos Aires. Hoy me desperté a las 4 y media de la mañana. Llueve. Ayer el taxista nos dijo que la tormenta de Santa Rosa todavía no pasó, asi que es posible que nos toque en este viaje. Aguanté hasta las 7 y pico para levantarme y aquí estoy. Puse la Rock & Pop y por esas cosas de la vida están pasando AC/DC. Me hice un café enorme y me dispongo a contarles del vuelo.
Llegamos ayer, después de un interminable vuelo de Aerolíneas Argentinas, con escala en Auckland. Ya en el aeropuerto de Sydney cuando voy a embarcar con mi pasaporte del Mercosur, me dicen que el itineario que me dio Aerolíneas no tiene número de e-ticket. Y que si tuviese pasaporte australiano no pasaba nada, pero como tengo el sudaca puedo tener problemas. Le digo: pero todo lo que me dio Aerolíneas fue esto: un itinerario electrónico. Y ni hablar que me cancelaron el vuelo de vuelta sin siquiera tener la decencia de avisarme, que si no es por Mara que labura en el aeropuerto y me comenta: mirá que hay un kilombo bárbaro, llamá y averiguá si tu vuelo sale a horario, no me entero.
Esto va en contraste con las notas que publican en la revista que leemos los pasajeros, sobre un nuevo directorio que asegura “la optimización de la puntualidad y el servicio de la compañía desde que quedó a cargo el estado nacional.” La estadística dice que en Julio de 2008 el índice de puntualidad era del 38% mientras que de Enero a Julio de 2009 pasó a ser del 77%. Que pena que viajamos en Septiembre.
Finalmente me imprimieron un papel con el dichoso número y todos felices.
En Nueva Zelanda me tocó el control antidrogas -aleatorio por supuesto- y me llamaron aparte para pasarle a mi bolso una telita a ver si daba alguna reacción de sustancia sospechosa. Quizás mi buzito agujereado y con manchas de lavandina, comprado así por voluntad propia, porque era algo cool, habrá despertado sospechas de narcotráfico en un país primermundista. Lo de ser sudamericana y que te toquen siempre los controles aleatorios es pura casualidad del destino.
Pero bueno, una vez arriba del avión la pantalla funcionaba esta vez. Y el mapita mostraba la distancia a Buenos Aires: 10,324 km.
Cabe aclarar que el sonido no funcionaba en los 2 asientos, por lo que teníamos que turnarnos con Rod para mirar una peli.
Voló con nosotros el equipo de atletas que participó en las olimpíadas de transplantados en Gold Coast, Australia. Yo no tenía idea de que existiese siquiera algo así, pero el piloto anunció con orgullo la presencia de estos deportistas a bordo, que incluso ganaron medallas y todo. Luego reconocí el loguito de Incucai en las camperitas que llevaban puestas.
A la hora de la cena, preparada para el mismo menú desde hace 10 años -pollo o pasta?- me sorprendió escuchar a la distancia que la azafata ofrecía “carne o pasta” por los pasillos. Con una sonrisa de oreja a oreja le digo a Rod: este cambio de menú merece que le demos a Aerolíneas otra oportunidad.
Cuando llega la azafata digo CARNE con una alegría desproporcionada, y me entretengo comiendo el pancito con manteca, la ensalada de papas con mayonesa mientras Rod descubre que sus ñoquis eran de polenta -no de papas- y mas secos que el desierto del Sahara.
Esuchamos de vuelta a la azafata llegando al principio del pasillo decir: NO QUEDA MAS CARNE. Y yo pensé en mi suerte de haber llegado a tiempo para el nuevo menú, cuando miro la bandejita tapada de mi cena y leo una letra “G” tratando de recurrir a una lista mental de comidas con carne que empiecen con G y nada venía a mi mente. Entonces abro la tapita y mi falsa ilusión de degustar un plato vacuno de hizo pedazos contra el suelo: en esa bandeja había ñoquis. Y encima, la pretensión insolente de llamarlos por su nombre en italiano “gnocchi”.
Así que una vez mas, para no perder la costumbre, la aerolínea de bandera nos ha decepcionado.
En cuanto al uso de aparatos electrónicos abordo, el piloto había dicho que estaba terminadamente prohibido, y que los celulares debían permanecer apagados, ni siquiera encendidos en modo de vuelo.
Rod a todo esto tenía su propia teoría, y yo apoyaba la idea pensando en que lo mas probable sea que el personal de Aerolíneas, por la sencilla razón de no tener que molestarse en averiguar en que modo tenía la gente encendido su móvil -dicho en criollo la ley del menor esfuerzo- dirán a la gente que lo apague y listo, no rompan las pelotas.
Pero justo el destino quiso que pasara una azafata y viendo a Rod con los audífonos puestos haya descubierto que el móvil estaba encendido en modo de vuelo. Y empezó a vociferar a modo de culebrón, en inglés y en castellano: ES POR NUESTRA SEGURIDAD! Tiene que apagar ese celular, interfiere con los controles y la mar en coche.
Rod empecinado en que lo dejaran seguir jugando, hizo el intento de darle a la azafata -recordemos que siempre están a punto de jubilarse- una explicación técnica de porque el “modo de vuelo” era algo totalmente inocente y seguro y si el 99% de las líneas aéreas lo permite, esta prohibición sin argumentos era una injusticia social.
Finalmente se dio por vencido ante la insistencia de la azafata y lo apagó. No obstante la mujer quedó en alerta y estado de sospecha permanente con respecto a Rod, pasando en 2 oportunidades mas y viendo que tenía los audífonos puestos escuchando el ipod, le tocó el hombro para preguntarle: no tendrá el celular prendido, no? Mire que es por nuestra seguridad! Y por si no hubiese quedado claro, volvió a repetirlo en inglés.
La sorpresa del día la dieron mi hermana y mi sobrina que nos fueron a buscar al aeropuerto y luego vinieron a San Telmo a conocer el departamento. Mis amigas, que no pararon de llamar por teléfono, con mención especial a Mariana que se vino hasta acá desde Morón.
Bienvenidos a Buenos Aires. Esto recién empieza, tenemos 2 semanas por delante y mucho por experimentar. Voy a contarles mas historias en el blog y sientanse en libertad de opinar en los comentarios.
Hoy vamos a Quilmes y ese será definitivamente un capítulo aparte.

vista de la ventana del departamento en San Telmo






