En busca de la maldita rana

March 2, 2008

Un domingo por la mañana partimos con Mariana, Rod, Laura y Fabián rumbo a Salamanca, a conocer un poco, a 180 km de Madrid, dirección Noroeste. Nos fuimos con mapas en mano en el Megane que tiene un súper aguante y paramos para desayunar en la ruta. Había un viento que te cagas.

La única información que teníamos de Salamanca es que era una ciudad universitaria con un ambiente muy sanote. Al llegar fuimos a la Oficina de Turismo a buscar un plano, y empezamos a recorrerla por una calle peatonal. Entramos a varias tiendas, de esas que venden recuerdos de la ciudad, como cuando uno va a Mar del Plata y compra esas porquerías, como un lobito marino que cambia de color con el tiempo y dice “recuerdo de Mar del Plata”. Bueno, acá estaba lleno de batracios de todo tipo y forma, que decían “recuerdo de Salamanca”. Ranas que croaban, cantaban, ranas intelectuales con anteojos, ranas cancheras, y mil ranas en diferentes lugares, y en sus mil y un aspectos.

Como no podía dejar de averiguar el significado de estos bichos en un contexto universitario, después de ver cientos de ellas no me aguanté más y le pregunté a una dependienta el porqué de tanta ranería. Para nuestro asombro, la respuesta fue que en la ciudad había una rana sobre una calavera esculpida a modo de estatua, y que aquel que la encontrase primero tendría un año de buena suerte.

La rana se encontraba en uno de los edificios universitarios. Una vez informados del asunto, partimos en búsqueda del tesoro oculto. Salamanca es una ciudad donde es fácil perderse. Tiene muchas callecitas angostas y diagonales.

Era casi mediodía y habíamos recorrido mucho en busca de la ranita, teníamos incluso una foto de la misma en un folleto, pero no aparecía por ningún lado. Decidimos hacer un alto para almorzar en un restaurante llamado “La Rana”. Después de todo, nuestro estómago era, en ese momento, más importante que la buena suerte. Con las panzas llenas y el corazón contento, reemprendimos la búsqueda del bicho verde, aunque no era verde el buscado sino gris o blancuzco, puesto que estaba esculpido en piedra.

Además de nosotros, estaba lleno de turistas caminando ansiosos tras el tesoro maldito. Luego de unas largas horas de pasar por iglesias, rastrear universidades y colegios varios, caminar por conventos y casas de Teresas Santas, en la puerta de la mismísima casa del escritor Unamuno, le preguntamos a un paisano con cara de amable: “¿Dónde cuernos está la rana?” Y el buen hombre replicó: “En la facultad de Derecho, dos cuadras para abajo, cinco a la derecha, tres doblando, subiendo una escalera, otras dos a la izquierda y ahí llegan”.

Perfecto, con datos concretos será más fácil hallarla – dijimos los cinco al unísono- y partimos rumbo al sitio indicado. Se hacía difícil llegar, y estaba empezando a llover. Estábamos decepcionados por el tiempo y el cansancio, a punto de abandonar la búsqueda, y resignándonos a que la buena suerte estaría destinada a los otros. Además, se hacía tarde y teníamos que volver a Madrid antes de la noche porque Mariana tenía su vuelo de vuelta a Buenos Aires.

Pero antes de sacar la banderita blanca, nos dividimos sin premeditación ni alevosía en dos grupos. Como última instancia, le pregunté a otro lugareño el paradero de la rana dichosa. Y para mi sorpresa, estábamos ahí nomás, a la vuelta del lugar señalado. Corrimos cual perros en búsqueda de un hueso, y llegamos al lugar, donde una manada de turistas estaba observándola y sacando fotos y más fotos. El primero en verla fue Fabián, que tendrá un año entero de buena suerte. ¡Felicidades! El resto fuimos llegando de a poco y con la lengua afuera, pero no nos tocó el premio principal. Nuestra suerte será regular, pero ya adquiriremos nuevos amuletos para que sea buena y por qué no, excelentísima.

Entre nosotros, que tenemos confianza, pero no divulguen la verdad para que no se pierda la magia de este relato, la rana no valía ni un duro, la guacha insolente apenas se veía de lo chiquitita que era, perdida entre una multitud de adornos en un friso.

Este relato fue publicado por Editorial Grafein en el libro “32 maneras de escribir un viaje”
Barcelona, Julio 2002.

http://lacomunidad.elpais.com/123cuentosyotrostextos/2007/8/16/32-maneras-deescribir-viaje-cuentos-2

2 Responses to “En busca de la maldita rana”

  1. claudinha Says:

    muy bueno. sigo viéndote muy española. ¿qué pasa?

  2. candombera Says:

    Es que aca estoy currando como una negra, entonces no tengo tiempo para historias nuevas.
    y a estos relatos les tengo cariño, asi que queria recopilarlos en el blog.

    Me alegra mucho que los socialistas hayan ganado las elecciones. El año que viene estare por alli!

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