Rarezas de la conducta humana

October 27, 2008

Hoy al mediodía salí a caminar con la intención de desconectar de la presión del laburo, despegarme de mi computadora -con la que últimamente somos inseparables e indivisibles.

Tengo un banco preferido en un parque que queda a 15 minutos de mi trabajo. Así que, aun con 32 grados de temperatura y sol radiante, caminé escuchando música imaginando mi asiento preferido a la sombra de un árbol. Este lugar tiene vista a la bahía de Sydney y está al final del parque, por lo que no mucha gente llega hasta ahí.

Llegué finalmente con la lengua afuera a mi banquito soñado, y en ese momento a modo de contraste sonaba en mi ipod Pesada de Control Machete, banda sonora del inolvidable film Amores Perros.

Habrán pasado diez minutos de calma absoluta en los que intenté en vano fundirme con el paisaje.

Entonces vi una mujer parada justo detrás mío, dando pasos cortos, en un parque grande como 3 cuadras de largo, esta mujer no tenía otro lugar para buscarse. Miré de reojo y vi que se sentaba en el pasto detrás de mi ya no tan soñado banco.

Me empecé a incomodar un poco y pensé: mmm si ésta fuese una asesina serial tranquilamente podría apuñalarme en este momento y no hay testigos que presencien mi crimen. Camina unos pasos, arroja mi cadaver a la bahía y muero en un país lejano, nadie se entera, nadie reclama mi cuerpo y nadie podrá llevarme siquiera una flor a la tumba.

♫♫

Artillería pesada (scratch) controlando…
Artillería pesada (scratch) el ma…chete

Finalmente me dí vuelta con la mejor idea de hacerme amiga de la intrusa. La miré y le pregunté si quería sentarse (tuve la discreta amabilidad de compartir mi banco, aunque mas no sea por un motivo egoísta).

La mujer murmuró: en realidad quiero acostarme, pero no importa porque igual tengo que volver a trabajar pronto. Y se acostó en el pasto.

♫♫

golpes doy, golpes recibo y sigo
Por lo que soy por lo que vivo

En ese momento flipé en colores, pensé: pero que descaro tiene ésta. Miré el reloj. Me quedaba poco de paz y tenía que volver al laburo. Y esta intrusa no solo me había arruinado mi ratito de desconección, sino que me había hecho acordar de que el ser humano es muy desconsiderado por defecto.

Pero como si esto fuera poco, la insolente volvió a interrumpirme para preguntarme cuando me iba.
Me dí vuelta y le respondí con toda la furia: en cinco minutos.

Esperé cinco eternos minutos y me levanté sin mirar y sin saludar. Sólo cuando estaba a veinte metros me di vuelta para espiar y ver que la mujer se había adueñado con todo su cuerpo de mi banco.

Y bueno… al menos viví para contarlo. Y para enterarme de que ese banco es también el preferido de alguien mas.

2 Responses to “Rarezas de la conducta humana”

  1. Kathy Says:

    Te descubrieron Lau!, muy entretetenida tu crónica de descanso🙂
    besos
    Kathy

  2. Mariano Says:

    Ese mismo banco usaba yo para desconectarme cuando trabajaba en North Sydney…

    Por suerte nunca me tope con personajes como esos🙂

    Aca en Buenos Aires, esquivando gente, charcos, defecaciones e insultos, encontrar un punto de desconexion es un poco mas dificil…

    Saludos desde Baires, donde todo explota…

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