Relato de la hipnosis que no fue

December 29, 2008

Visto y considerando que se acercan las fiestas de guardar y no tengo intenciones de mandar tarjetas navideñas a nadie, les contaré una pequeña historia.

Ayer tuve la fiesta de navidad del laburo, que contó con la presencia de un hipnotizador (al mejor estilo Tusán). El mismo pidió voluntarios para pasar al frente a ser hipnotizados. Y yo me mandé, pero siempre con el escepticismo a cuestas pensando “este a mi no me va a hacer nada”.

Eramos 6 o 7 sentados en una silla y el chabón (cuyo nombre artístico es Steven Spellmaster) empezó haciendo una introducción a la audiencia sobre los beneficios de la hipnosis, y comentó que solo 2 clases de personas no pueden ser hipnotizadas: los borrachos y los que tienen una enfermedad mental.

Desde mi silla y con los ojos cerrados me repetía a mi misma: Steven ya empezamos mal. Si Sigmund Freud te escuchara se levanta de la tumba para darte una patada en el culo. Cómo creés que se curaban las histéricas del siglo 19?

La cuestión es que el tipo nos había dicho que mantuviésemos los ojos cerrados todo el tiempo y nos concentraramos en su voz. Pero estaban los otros 40 borrachos de la audiencia gritando y cagándose de risa de nosotros.

En el fondo yo quería pasar por esta experiencia, pero no pudo ser.
El hombre empezó a dar instrucciones: primero a relajar cada músculo del cuerpo, lo que creo haber logrado. Después… estamos en una playa en el medio del Caribe y están tirados en la arena tomando sol… se están poniendo bronceador…
Yo estaba escuchando todo con suma atención pero por alguna razón no me daba la gana seguir sus instrucciones.

Escuchaba a lo lejos que la gente se tiraba al piso, y la audiencia se cagaba de la risa… y yo dormía placidamente en mi silla… hasta que llegó un momento en que no entendí mas lo que el tipo decía. No entendí su acento, ni las palabras que usaba, ni nada!

No obstante yo seguía cómodamente adormecida en mi silla y escuchaba un bardo enorme de fondo, gente que aparentemente escalaba montañas, iba al baño a defecar, paría hijos, bailaba una danza irlandesa… la música cambiaba acorde a cada nueva instrucción del hipnotizador… y yo seguía durmiendo… pero sin dormir… y en eso se me vino a la mente un pensamiento: la gente va a pensar que tengo una enfermedad mental!

A todo esto el tipo ya ni me tocaba el hombro como a los demás para que reaccionen ante cada orden. El pobre Steven ya pasaba de mi olímpicamente… pensando: esta boluda me cagó el show!

En eso escuchaba aplausos, y la siempre molesta voz (de repente volví a entender el idioma y el acento como por arte de magia), que decía: Espero que hayan disfrutado del show, y ahora cuando yo cuente 3 todos van a abrir los ojos, se van a parar y van a decir su nombre al público.

One, Two… Three! Y abrí los ojos como si me hubiese despertado de una siesta de 4 horas. La gente cazaba el micrófono uno por uno presentándose… y Steven comentaba: fulanito estuvo fantástico! Un aplauso para fulanito!
Cuando llegó mi turno dijo lo mismo, lo cual no encajaba porque yo sabía muy bien que no había seguido sus instrucciones. Así que no me quedó otra que pensar: este hombre no quiere asumir una derrota.
No obstante, cacé el microfono y dije: Quiero hacer una aclaración: No tengo una enfermedad mental, tengo tan solo un problema de idioma.

Y colorín colorado… habiendo demostrado que la hipnosis contra mi no ha podido… este cuento se ha terminado!

Que tengan unas bellas fiestas y empiecen el 2009 bien conscientes!

hipnosis que no fue

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