Buenos Aires es un sanguche de salame

March 28, 2011

Acá estoy. Llevo 4 días en Buenos Aires y se podría decir que ya es hora de comenzar la adaptación al caos porteño. Pero no. Todavía estoy en la lucha.

Este cuadro que ven, está colgado en la pared del departamento que alquilé. Es una metáfora de la realidad argentina. Si bien es terriblemente deprimente verlo todos los días -justo arriba del escritorio desde donde les escribo- tiene elementos que me recuerdan a mi infancia: el sanguche de salame y el sifón. La sensación agridulce que me genera este cuadro, es parecida a lo que representa para mi volver a Buenos Aires.

Buenos Aires me mata. Y si bien se que queda mucho por re-descubrir, en los primeros momentos… Buenos Aires es el sanguche de salame y el sifón.

Mi sueño sigue trastocado, mejorando de a poco, pero aun me despierto a las 4 de la mañana y tengo los ojos abiertos como platos. El ruido de esta ciudad es abrumador. A cualquier hora, en esta concurrida esquina de San Telmo, se escucha todo. Son las 2 de la matina y se escucha gente que va o viene de joda, alarmas de coches sonando, puertas y portazos, un lavarropas o secaropas en el departamento de al lado, camiones de la basura, colectivos y un etcétera interminable.

Miro el reloj y son las 7 y pico, sigo sin dormir. Prendo la Rock & Pop y escucho las noticias sobre el bloqueo a Clarín. Un piquete por mas de 12 horas impidió ayer la distribución del diario. La empresa acusó a Moyano, pero el líder de la CGT aseguró que su gremio no intervino.

Tres horas y media después, me despierto sobresaltada con Pergolini a los gritos, puteando porque se fue el fin de semana largo a Miami, y lo dejaron varado en algún aeropuerto.

Bueno, ya es hora de levantarse y me dirijo a la cocina del departamento con ganas de tomar un café. Tengo una cafeterita triste pero le pongo voluntad. La parte del filtro debe pertenecer a otra cafetera, porque parece mas grande y no encaja bien con el tamaño de ésta. Al primer intento, se me rebalsa toda el agua, inundo el piso de la cocina, tengo que recurrir al ya olvidado trapo de piso -por supuesto agujereado y mugriento- para limpiar el kilombo que armé.

El segundo intento de hacer café viene mejor, lo estoy oliendo de cerca, agarro una taza, le pongo una de azucar y la lleno. Voy al escritorio a buscar algo y cuando vuelvo veo que la tacita estaba rajada, y por ende todo el café derramado en la mesada de la cocina.

triste cafetera

Ya me calenté, dejé todo hecho un kilombo y me fui a desayunar a Plaza Dorrego. Había demasiada gente en San Telmo, pero era temprano, así que compré un diario y me senté a tomar un café con leche con medialunas. Me cobraron $18.

Aprovechando que estoy en plan crítica, me voy a despachar también contra Movistar, que me parece una empresa de cuarta.
El solo hecho de tener que ir al kiosquito a comprar la tarjeta de recarga, que no tengan de mas de $30, que cuando voy a pagar con 100 me dicen: Noooooo a esta hora no te puedo cambiar, no tenés mas chico?
Que los $30 de recarga me duren un solo día. Que cuando quiero registrarme online para ver que me están cobrando, la web no funciona al momento de ingresar la clave, me da un error. A la tercera clave que me enviaron por sms, y al cuarto intento de registrarme online, mandé todo a tomar por culo.

Para despejar la cabeza y la mala onda, me fui con Jime al Museo de Arte Decorativo a ver una muestra de dibujos y grabados de Paula Modersohn-Becker y los artistas de Worspede, una localidad alemana a unos 20km de Bremen. Estas obras fueron realizadas entre 1895 y 1905. Esta búsqueda de los artistas que salen de sus estudios a pintar en contacto directo con la naturaleza, desembocará luego en el Impresionismo.

Caminando por Avenida Libertador, coincidimos en que esta parte de Buenos Aires es otro mundo. Por acá no se ven carteles de la campaña de Duhalde, la gente con botox toma cafecitos en bares paquetísimos, y las plazas tienen carteles invitándote a hacerte amigo de ellas en Facebook.

Terminamos tomando algo en el bar de la biblioteca nacional (divino) con amplios ventanales a vistas verdes.

La tarde terminó mejor que la mañana, con mi sobrina en el museo Prohibido no tocar del Centro Cultural Recoleta. Y entonces se me empezó a abrir un poco el panorama. De a poco puedo empezar a trascender el sanguche de salame y encontrarme con otras opciones. Uno de miga quizás.

No me interpreten mal, amo a esta ciudad con locura, pero es un amor-odio constante. A lo mejor la clave está en aceptar que Buenos Aires puede ser muchas cosas a la vez, y que es la riqueza de su diversidad la que la hace tan interesante, tan única, tan esquizofrénica, tan propia.

Avanti morocha, seguiré con los relatos y descubriré cada dia nuevas facetas de la ciudad de la furia.

3 Responses to “Buenos Aires es un sanguche de salame”

  1. Deb Says:

    Jaja me encanto Lau ! Espero que la sigas pasando bien ! Un abrazo desde Amsterdam

  2. candombera Says:

    Gracias Debbie! Te esperamos en Sydney para empezar el training ;-)))

  3. Kathy Says:

    Lo mismo me pasa con BsAs, es amor-odio, pero la quiero, me atrapó con el tiempo! Se extraña el quilombo aveces!
    Besotes🙂

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