Odiseas porteñas: conseguir entradas para ver a Joaquín

March 30, 2011

Lo sé. Les prometí ser un poco más optimista y no está ocurriendo. Pero creí oportuno relatarles la odisea que fue el intento de conseguir entradas para ver a Joaquín Sabina en el Luna Park.

Tengo que aclarar que vengo persiguiendo un concierto de Joaquín desde hace mucho tiempo, incluso cuando viví en Madrid, siempre fue imposible conseguir entradas. Cabe decir, que en Argentina amamos más a Sabina que en la propia España.

Al principio había descartado toda posibilidad, porque las primeras fechas eran a partir del 7 de abril, y ya no estaría en Buenos Aires para entonces.
Pero el lunes por la noche, leyendo el Radar de Página, me entero de que hay conciertos nuevos, y que incluyen el 2 y 3 de abril.
Desesperada, voy a la web del Luna Park que me lleva a TicketPortal, que me dice que están agotadas para el 2, pero que quedan algunas plateas para el 3. Sólo se venden con tarjeta Visa. Llamo a mi hermana para pedirle la tarjeta, pero resulta que únicamente el titular puede recoger las entradas, y se complica el panorama.

Decido levantarme temprano al día siguiente e ir directamente al Luna Park. Antes de salir del departamento, llamo para asegurarme de que queden y me dicen que sí, que quedan entradas de $480. De mis amigas, solo Cari tenía interés en el concierto.

Estoy poniendo la llave en la cerradura, y recuerdo que los cajeros porteños no te dan más que $1,000 por día, y que si uno necesita más, tiene que pedirlo por ventanilla, lo que implica hacer la cola del banco. Entonces agarro unos dólares, el pasaporte y me voy.
Paso por la casa de cambio, cerrado. Entro al cajero de San Telmo, no le da la gana darme el dinero.
Empiezo a hacer la cola para pedir el efectivo en el Banco Itaú. Tardan tanto que me voy, me tomo el colectivo en el bajo hasta el Luna Park y decido que ya sacaré plata cerca de ahí.

Antes que nada voy a la boletería del Luna, hago la cola, llego y pregunto si quedan entradas para Joaquín para el domingo, me dicen que sí, que quedan las de $480. Le mando un sms a Carina para que me confirme si quiere una o dos, y me voy a buscar un banco para sacar la plata.
Entro al Banco Santander (ahora Santander-Rio), me pongo a hacer la cola y descubro que las cajas están ocultas detrás de una especie de mamparas, personal de seguridad por todos lados y la cola no se mueve.

Me suena el celular y atiendo. Era Cari. Por supuesto los de seguridad se me vinieron al humo, porque en este país está prohibido hablar por el móvil en el banco.
Me voy del banco a llamar a mi amiga, salgo a la calle, el ruido del tráfico en el bajo se asemeja al despegue de una nave espacial. Mi móvil se encapricha y decide que sólo puede ser usado para llamadas de emergencias. Re-puteo contra Movistar y lo reinicio.
Finalmente llamo a Cari, que me confirma que quiere solo una entrada. Fantástico. Ya no tengo que hacer la cola, puedo extraer de cajero. Entro de nuevo al banco. Los de seguridad me miran como si fuese una terrorista a punto de volarles el lugar. Saco mil pesos y me voy de vuelta al Luna Park, hago la cola, llego a la ventanilla, saco los mil mangos que tenía hechos un rollito en un bolsillo ínfimo -nunca en la billetera-. Pongo la guita en la ventanilla y le digo al flaco: 2 entradas para Sabina para este domingo, de las de $480.
– No me quedan
– ¿Queeeeeeeeeeé? Vine hace 20 minutos y me dijiste que tenías.
– Tengo para el miércoles 6 y el domingo 10.
– Pero no te puedo creer, la reputa madreeeeeeeeeee, no voy a estar en Buenos Aires.

El flaco me mira con cara de indiferencia, hago un bollito de vuelta con los mil mangos y me voy caminando despacito, casi al borde del llanto. Una vez más, me quedo sin ver a Joaquín.

Estoy cruzando la avenida y escucho ruidos como de fuegos artificiales, lo cual es un poco extraño siendo pleno día. Llama mi hermana y le cuento la historieta de las entradas, y también lo de los ruidos.
– Son bombas molotov, debe haber alguna manifestación cerca…

Recuerdo que tengo encima los dólares, el pasaporte, los mil mangos y rajo lo más rápido que puedo de ahí. Termino en Puerto Madero, donde parece otro país y me siento 5 minutos a descansar en un banco.
Miro los barcos, los edificios, los restaurantes, la gente linda y bien vestida, los turistas… ¿es la misma ciudad que acá a 5 cuadras? Sí.

Puerto Madero

Entro al museo de Amalita Fortabat, donde tiene en exhibición toda su colección de arte. Es impresionante, está a la altura de cualquier museo europeo. El diseño, la señalización interna, hasta los baños son un lujo.
Me dan un folleto que es más grande que mi cartera. Las obras son de una diversidad enorme. Pintores argentinos, latinoamericanos, europeos, de casi todos los movimientos artísticos.
Entre algunas rarezas encuentro un cuadro de Ernesto Sábato y un retrato de la Señora Amalia hecho por Andy Warhol.

Una vez más, Buenos Aires se ha superado a sí misma, y ha convertido mi mal humor de la mañana en una sonrisa.
Seguiré adelante con las historias porteñas y que vaya surgiendo el optimismo desde los escombros, como en la vida misma.

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