Kopi luwak: the most expensive coffee in the world
October 30, 2011
One of the things I had in mind when arriving in Bali, was to try the best coffee in the world (Kopi Luwak) that can be found in Indonesia. In a scene of the film “The bucket list”, Jack Nicholson and Morgan Freeman talk about this coffee and they have it on their list of things to do before they die.
Definetely all coffee lovers should taste Kopi Luwak at least once in life.
On the first night we went for a walk in Seminyak. I saw a promotional sign for the coffee in a shop and made a mental note of the location to return some other day.
The following day we organised an excursion with Boby (our driver and local guide) as he suggested different places we could visit. I remembered the coffee and asked him if he could take us somewhere to drink Kopi Luwak.
Of course – he said. I have a friend a little bit to the north, so we can go today after lunch.
What he didn’t mention was that “a little bit to the north” was a two hour trip, to the village of Kintamani. To get there, we drove across rice plantations, the sacred monkeys forest, we stopped at the artistic town of Ubud and we saw an infinity of temples and curiosities on the way.
We didn’t know that we were going to a coffee plantation, and about to taste eight different coffee flavours before tasting THE coffee.
We finally arrived there and Boby’s friend was waiting for us. To our surprise, he spoke several languages, including Spanish. He gave us a tour of the plantation and we met the hero of this story: the luwak (this is the name the locals give to the little mammal, also known as Asian Palm civet.)
The luwak eats the coffee beans and defecates them without digesting. He selects only the best beans and these undertake a chemical process in the stomach that takes the bitter flavour away. Then, the beans are cleaned and processed before being ready to use.
I can imagine many of you with a disgusted expression on your face asking if I drank the coffee with the luwak poo. Yes, I did and enjoyed it!
They brought us a huge variety of coffees to try and also a couple of teas. Paradise for any coffee lover! We tasted coffee with ginseng, with chilli, with vanilla, moka with chocolate, Bali original coffee and a couple of others that I don’t even remember.
All of them were great, until Kopi Luwak arrived in a bigger and different cup to the others. Kopi means coffee in Indonesian, one of the few words I learnt.
I found it similar to turkish coffee, but the flavour was more intense, sweeter and nicer. The Kopi Luwak without sugar is sweet and it’s by far the best coffee I ever tried in my whole life. Its flavour is unique and I’m glad and grateful to have travelled for two hours to get there and have had this experience.
Foolishly I bought a package of 150gr and paid $50 australian dollars, imagining I’d have the pleasure of enjoying this back in Sydney.
But when I got to customs and I declared it to avoid a fine, they sent me to quarantine, where they asked me what kind of food was I bringing into Australia. I said coffee and they enquired what kind of coffee. I said Kopi Luwak and that was the end of my dreams.
I was told that the Australian Government has assesed this coffee and decided that the process of making it, is not safe for our flora and fauna, since there is an animal involved. So, they could hold the coffee there for me and charge $30, while I apply for an import license in Canberra that costs around $300.
But I don’t have any intentions of importing coffee, it’s only for my personal use! – I cried without any compassion from the customs agent.
These are the regulations -the lady replied. So if you don’t want to import it, then I could throw it away in the rubbish bin right now for free.
Yes, please – I barked. Do me a favour and throw it in the bin. I guess that I even have to thank you for that? I was furious, but I have to admit that even though I was about to cry, it wasn’t as painful as other ocassions when coming back from my hometown, customs confiscated a couple of pots of dulce de leche (caramel) and alfajores.
Nevertheless, if you have the opportunity to taste Kopi Luwak, please do it! You won’t regret it at all. But, if you plan to bring it into Australia, be aware of the customs limitations… or don’t dare to declare it.
Kopi luwak: el café mas caro del mundo
October 23, 2011
Una de las cosas que tenía en mente al llegar a Bali, era probar el mejor café del mundo (Kopi luwak) que se consigue en Indonesia. En una de las escenas de la película “The bucket list” (Ahora o nunca), Jack Nicholson y Morgan Freeman hablan sobre este café y lo tienen en la lista de cosas para hacer antes de morir. Definitivamente, todos los amantes del café, tienen que probarlo aunque sea una vez en la vida.
La primera noche que salimos a recorrer Seminyak, vi la promoción del café en un barcito y tomé nota mental del lugar para volver.
Pero al dia siguiente salimos de excursión con Boby, y el nos fue sugiriendo lugares para visitar. Entonces me acordé del café y le pregunté si podíamos ir a algun lugar a probar Kopi Luwak. Si -dijo- conozco el lugar de un amigo viajando un poco hacia el norte, así que podemos ir hoy mismo.
Lo que no nos dijo es que “un poco hacia el norte” era un viaje como de 2 horas, hasta el pueblo de Kintamani. Para llegar hasta allí, atravesamos plantaciones de arroz, el bosque sagrado de los monos, la ciudad artística de Ubud y vimos infinidad de templos y curiosidades en la ruta.
Lo que tampoco sabíamos era que íbamos a conocer una plantación de café, y probar 8 distintos tipos de café diferentes hasta llegar a probar EL café.
Cuando llegamos nos estaba esperando el amigo de Boby, que sorprendentemente hablaba varios idiomas, entre ellos castellano. Nos hizo el recorrido por la plantación y conocimos al verdadero protagonista de esta historia: el luwak (así llaman los locales a este animalito cuya traducción al español es civeta).
El luwak come los granos de café y los defeca sin digerir. Selecciona solo los granos de mejor calidad y éstos son sometidos a un proceso químico en su estómago que le quita el sabor amargo. Luego los granos son limpiados y procesados antes de tomar.
Ya se que algunos de ustedes tendrán en este momento una mueca de asco y se estarán preguntando si me tomé el café con caca del luwak. Les digo que si, que me lo tomé y con gusto.
Nos trajeron para probar una variedad enorme de cafés y dos tes. El paraíso para cualquier amante de café. Probamos café con ginseng, con chili, con chocolate, con vainilla, el café original de Bali y algún otro que no recuerdo.
Todos riquísimos, hasta que finalmente llegó el Kopi Luwak. Kopi es café en indonesio, una de las pocas palabras que aprendí.
Y les puedo asegurar que habiendo probado café turco, lo encontré parecido, pero el sabor es mas intenso, mas rico y mas dulce. El Kopi Luwak sin azúcar es dulce y es lejos, el mejor café que he tomado en la vida. Tiene un sabor inigualable y vale la pena haber viajado durante mas de dos horas hasta la plantación para haberlo probado.
Ilusamente compré un paquetito de 150 gramos por el que pagué $50 australianos, pensando en que iba a poder disfrutar en mi casa de este placer. Pero al llegar a aduana en Australia, cometí la estupidez de declararlo. Si no lo declaro y me lo encuentran, me pueden multar. Así que quise ser buena ciudadana y pensé que declarándolo, lo peor que pasaría era que tendría que pasar por cuarentena, mostrar lo que traía y ya está.
Pero no. Llegué a aduana, declaré que tenía comida. Me preguntaron qué. Dije café y chocolate. Me preguntaron que café. Kopi Luwak -dije. Me dijeron: Mmmm…. me parece que vas a tener problemas con eso. Pero pasá por cuarentena y mostrales.
Con lágrimas en los ojos pasé por cuarentena y me dijeron: el gobierno australiano ha estudiado el proceso por el cual se hace este café y ha decidido que no es algo seguro para permitir la entrada al país. El problema es el luwak. Si fuese un café normal, lo pasabas. Pero como pasa por el estómago de un animal y no tenemos la certeza de que sea seguro, puede venir con bacterias que puedan afectar nuestra flora o fauna.
Yo mientras tanto pensaba: que pedazo de pelotuda, si no lo hubiese declarado lo pasaba y chau! Mientras la mina seguía: si querés te lo puedo retener acá por $30, y después podés sacar un permiso de importación en Canberra (que te cuesta $300) y si te lo aprueban, entonces entrás el café.
¡Pero yo lo quiero para consumo propio, no para importar! -chillé sin contención alguna-. La mina se limitó a decir: esto es un item prohibido, te lo puedo tirar a la basura acá mismo y es gratis.
No sabés lo que te agradezco -le ladré. Tiralo a la basura nomás. Y por dentro me quedé con un odio… pero aun así, no me dolió tanto como cuando me quitaron los alfajores y el dulce de leche.
Conclusión… si tienen la oportunidad de probar Kopi Luwak, aprovechenla. No se van a arrepentir. Eso si, piensenlo dos veces antes de importarlo a Australia, o no lo declaren.
Descubriendo Bali
October 16, 2011
Llegamos al hotel y nos atendieron con sonrisa de oreja a oreja. Nos dieron flores de frangipani (Plumería creo que se dice en español), y nos invitaron a sentarnos en el jardín a tomar los tragos de bienvenida. Todo parecía fantástico, hasta que vino un chico de la recepción a decirnos que si bien nosotros habíamos reservado el hotel desde esa noche, debido a un error de sistema en el momento de la reserva, no tenían lugar para nosotros esa noche y nos tenían que llevar a otro hotel, pero el día siguiente al mediodía sin falta, nos pasaban a buscar para traernos de vuelta a este hotel.
Rod había leído ya en Trip Advisor que habitualmente sobrevenden las habitaciones y que casualmente cuando uno llega siempre hubo un error de sistema y lo terminan mandando a otro lugar que no está a la misma altura de lo que uno reservó. Así que se lo discutió al tipo, que seguía hablando con su sonrisa intachable y una cara de paz que no era de este mundo. No obstante su pacifismo, no había lugar ahí para nosotros de todas maneras esa noche.
A mi no me daba la gana empezar las vacaciones peleando. Ya sabíamos que en el tercer mundo estas cosas ocurren, y ademas la actitud del tipo era tan agradable, que aun sabiendo que nos estaban cagando yo no podía siquiera discutir con él sin sentirme una turista occidental insensible a los problemas del mundo, que no puede ver mas allá de su ombligo.
Al final acordamos que a cambio del trueque de hotel nos darían un masaje gratis y todos felices. Partimos al nuevo hotel que resultó ser mucho mejor de lo que habíamos esperado.
Esa noche fuimos a caminar por el centro de Seminyak y nos dimos cuenta de que era otro mundo. Bali está hecha para seducir a los occidentales y ésta parte de la ciudad rebosa de restaurantes internacionales, ropa de marca, bares de coktails y glamour. Mientras tanto, las veredas están hecha pedazos y hay que mirar siempre para abajo cuando uno camina, porque también aparecen pozos en la calle cada 50 metros cuando uno menos se lo espera. Hemos visto casos de gente que terminó con muletas simplemente por pisar mal y caerse mientras caminaba.
Parece ser que la mayoría de la gente se dedica al transporte. Taxistas oficiales e improvisados esperan sentados al borde de la vereda o hacinados en pequeños locales y cada vez que alguien pasa preguntan: “Transport?”, “Taxi?”. Incluso ofrecen llevarte cuando se ve que hay alguien durmiendo en el asiento de atrás. Los taxis usan taxímetro y son muy baratos para manejarse en la ciudad. Eso si, el tráfico es siempre caótico y un viaje de 20 minutos puede tardar facilmente 1 hora.
El medio de transporte mas usado son las motos. Hay miles de motitos por todos lados. Familias enteras viajan en una moto y llevan plantas, escaleras, lo que se te ocurra. Se conduce muy mal, nadie señaliza al cambiar de carril, pero milagrosamente no se ven accidentes. La gente entiende los códigos de la calle.
La mejor opción para hacer un viaje un poco mas largo en Bali, es contratar un chofer por el día. Una especie de remisero amigo y guía de turismo combinado. Nosotros tuvimos la suerte de que uno de los empleados del hotel nos recomendó a su hermano. El hotel también ofrece viajes pero a precios bastante mas caros. Una vez preguntamos y no tenían auto disponible para el día siguiente. Entonces mientras nos llevaba al centro, uno de los chicos nos dijo que su hermano era chofer y nos podía organizar el viaje que queríamos a mejor precio que el hotel, pero que no digamos nada porque si su jefe se enteraba lo iba a querer matar.
Aceptamos el trato y a la mañana siguiente conocimos a nuestro chofer y compañero de aventuras: Boby.
Primeras impresiones sobre Bali
October 7, 2011
Hacía mucho tiempo que quería conocer Bali. Una vez había ido a una agencia de viajes a averiguar (en la época en la que todavia se usaban) y me dijeron que en verano era época de tsunamis. En otra ocasión en la que podía viajar, se acercaba la fecha de aniversario del atentado terrorista que dejó 202 muertos en Kuta, así que cambié de destino.
Esta vez no consulté a nadie y compré un pasaje. A los pocos días leo en la web oficial de consejos a viajeros del gobierno australiano, que recomendaban no viajar a Indonesia, debido a amenazas de ataque terrorista.
Bueno… -pensé- un poco tarde. Ya tengo el pasaje, asi que me voy.
Había leido algunas cosas, pero me tentaba mas la idea de ir sin un itinerario determinado, y decidir allá que tenía ganas de hacer.
Bali es una isla de Indonesia, con una población de poco mas de 3800 habitantes. La mayoría son de religión hindú (92%) y cada casa tiene un altar donde venerar a sus dioses.
View Larger Map
La religión ocupa un lugar primordial en la vida de la gente, y se ven ofrendas en todos lados: en las entradas a las casas, negocios, en los autos, en la playa.
La ciudad está llena de templos, y para entrar hay que vestirse de manera apropiada, con una especie de pareo llamado “sarong” para curbrirse. Las mujeres no pueden entrar al templo cuando están menstruando.
Sin pretensiones de entender demasiado sobre el hinduismo en Bali, lo poco que escuché es que aquí se practica un hinduismo con características propias. Existe una trinidad (Trimurti en sánscrito) de dioses que son Brahma (el creador), Wisnu (el que mantiene o preserva) y Shiva (el destructor).
Mi primera impresión en el aeropuerto fue una mezcla de miedo y curiosidad, y definitivamente la sensación de estar en un país del tercer mundo.
En el avión venía tranquila mirando el mapa, pensando en que bueno estar atravesando Australia desde el océano Pacífico hasta el océano Indico… hasta que la azafata nos entregó unos papeles que hay que llenar para presentar en aduana, y leo en letras rojas: Advertencia: Pena de muerte para traficantes de droga bajo la ley de Indonesia.
Si bien estaba segura de los contenidos de mi maleta, se me hizo un nudo en el estómago recordando un par de casos famosos de australianos condenados, la idea de haber envuelto la maleta en el aeropuerto en plástico para asegurarme de que nadie la abra… y que al final no lo hice… en fin… miles de pensamientos pasaron por mi cabeza en cuestión de segundos. Como no eran mas que suposiciones, me obligué a poner la mente en positivo.
El aeropuerto de arribos es mas triste que la terminal de Aerolíneas en Ezeiza. Sonaba de fondo una música instrumental típica mientras decenas de personas te ofrecían llevar las maletas a cambio de una propina.
Luego de comprar un visado por 25 Usd, no pude dejar de sonreir al ver un cartel que decía: “Please make good queue” (Por favor haga una buena cola).
Pasamos por canal verde en aduanas, un sistema similar al argentino. Y de ahí atravesamos un pasillo interminable de puestos de cambio de moneda (rupia indonesia es la moneda local), donde la gente te gritaba desde la ventanilla de cada puesto, que les compres a ellos.
Camino al hotel, me esperaba un mundo totalmente desconocido por descubrir, y mi miedo se empezaba a transformar en curiosidad de viajero.
Una vez mas, llegó el momento de la despedida. Y también llegó el momento de hacerle justicia a Buenos Aires, después de reiteradas críticas.
Es que lamentablemente, se ven las diferencias antes que nada, los contrastes entre ésta ciudad y aquellas a las que uno ha elegido por adopción.
Pero Buenos Aires sigue siendo profundamente cautivante. Una ciudad llena de historias, sólo basta salir a la calle a observar, y las historias fluyen en cada esquina, en cada bar, en cada persona con la que uno se cruza.
Buenos Aires es como el primer amor: un recuerdo agridulce, que genera una mueca de sonrisa y a la vez unas ganas terribles de salir corriendo.
Es una ciudad canalla, donde todo vale. Donde el tipo que te para el taxi y te abre la puerta (nuevo oficio en épocas de rebusque) te larga sin ningún pudor: Buen día señorita, ¿soltera o casada?
Donde el peluquero habla por teléfono delante de las clientas y dice que de tal hora a tal hora no puede porque tiene terapia. Donde los tipos te dicen piropos al caminar por la vereda. Donde se escuchan conversaciones privadas en cualquier bar, conversaciones que delatan historias que claman ser contadas.
Siempre suena un tema de Charly en un bar de Buenos Aires. Siempre está la negra Vernaci en Tarde Negra para hacerte partir de la risa. Siempre están los sanguches de bondiolita de cerdo en los carritos de Costanera Sur, las picadas de Territorio en San Telmo, los asados en cualquier casa o bodegón.
Pero por sobre todo, siempre están los afectos: la familia, los amigos del alma, la calidez de su gente. Por eso siempre vuelvo. Porque por más que uno putee cada vez que vuelve por las veredas rotas, el ruido, las colas… todas éstas cosas pasan a un segundo plano frente a un buen asadito con amigos, o a una de esas charlas interminables de bar, entre café y café, o cerveza y cerveza.
Me voy despidiendo con un gran abrazo a mi ciudad, una nota sobre canciones porteñas y una canción. Hasta siempre Buenos Aires. Hasta la próxima visita, el próximo café, el próximo encuentro.
Historia desde un remis
April 2, 2011
Durante este viaje no me animé a tomar el 98 con destino Quilmes.
Si tomé colectivos en Capital, y hasta el tren desde Retiro a Tigre, pero preferí sustituir el 98 por el remis.
Ayer volviendo de Quilmes a San Telmo por la autopista Buenos Aires-La Plata, el remisero me contó una historia.
-Yo no voy a estar haciendo esto por mucho tiempo mas. Ya me jubilé, estoy esperando que me salgan los papeles. Tres meses, me dijeron. Me corresponden cuatro mil pesos.Y después vuelvo a la ruta.
-¿A qué ruta?
-Soy camionero de toda la vida. Me llevo bien con la dueña de la agencia, si hasta compró autos nuevos, cero km y me dijo: Carlos, éste es para vos. Yo le digo todo que si, pero ni bien me salgan los papeles, chau.
-Imagino que será muy distinto manejar en ruta que en el kilombo de provincia y capital. ¿Y qué viajes hacía?
-Buenos Aires-Ushuaia, a veces al norte también. Otra cosa… además yo paro todo el tiempo, somos un grupo de muchachos que nos juntamos a comer, en cada parada. Acá tengo que ver a mi mujer todos los días, no la aguanto más.
-¿Y cuantos días le lleva llegar a Ushuaia desde acá?
-Cuatro días. Vas parando en Comodoro, Puerto San Julián. Mirá yo tengo una de historias con el camión… Una vez levanté una chica en la ruta haciendo dedo, recién recibida, con el título abajo del brazo. Radióloga. Me dijo que iba para el sur, a conseguir trabajo, que acá en Buenos Aires no estaba teniendo suerte. Yo le dije: te llevo. Tengo un par de contactos allá. Pero antes que nada le aclaré: mirá entre nosotros no va a pasar nada. Si alguno de los muchachos te dice algo le rompo la cara. Hacé de cuenta que soy tu padre. Acá hay dos camitas, vos dormís en la de abajo, yo en la de arriba… y la cama de abajo… sagrada.
-Ajá
-En camino llamo por teléfono a un conocido del hospital de Comodoro. Le digo: tengo una chica recién recibida, buscando trabajo…
-¿Dónde está?
-En el camión
-Traela ya. ¡Traetelá!
-Fuimos. le dijo: piba mirá, podés dormir en esta piecita de acá, empezás a laburar mañana, tu sueldo va a ser de tres mil pesos. No lo podía creer. Hoy, es la directora de radiología del hospital, los médicos la adoran.
-Qué bien… y ¿cómo es que esta mina llegó a hacer dedo en la ruta para conseguir un laburo? ¿Tiene familia?
-Mirá, se vino del norte, la trajeron engañada… si a mi me contó que los primeros tiempos tuvo que trabajar hasta de puta para pagarse los estudios. Pero ella tiene un orgullo de haber llegado donde llegó… sorteado tantos obstáculos…
-Me imagino…
-Yo además, a través de un contacto, le hice conseguir una casita. Ahora tiene novio, se está por casar. Me dijo que quiere que sea el padrino. Le saqué a pagar todas las cosas para la casa: la heladera, el lavarropas. Me pregunta: ¿cuánto te debo Carlos? Cuando cobre te deposito, y cada par de semanas me encuentro en la cuenta bancaria con algunos pesos que me va devolviendo.
-Pero mire usted qué historia. Estamos llegando, es en la otra esquina. ¿Cuánto le debo?
-Con los peajes cincuenta y tres. Decime una cosa: ¿de qué laburás vos?
-En diseño gráfico
-Ahhh haceme un favor: andate del país… ¡rajá cuanto antes posible! Chau piba.
-Gracias. Chau, que le vaya bien y que le salga la jubilación pronto, así vuelve a las rutas.
Dedicado a Carlos, por haberme regalado esta historia.
Odiseas porteñas: conseguir entradas para ver a Joaquín
March 30, 2011
Lo sé. Les prometí ser un poco más optimista y no está ocurriendo. Pero creí oportuno relatarles la odisea que fue el intento de conseguir entradas para ver a Joaquín Sabina en el Luna Park.
Tengo que aclarar que vengo persiguiendo un concierto de Joaquín desde hace mucho tiempo, incluso cuando viví en Madrid, siempre fue imposible conseguir entradas. Cabe decir, que en Argentina amamos más a Sabina que en la propia España.
Al principio había descartado toda posibilidad, porque las primeras fechas eran a partir del 7 de abril, y ya no estaría en Buenos Aires para entonces.
Pero el lunes por la noche, leyendo el Radar de Página, me entero de que hay conciertos nuevos, y que incluyen el 2 y 3 de abril.
Desesperada, voy a la web del Luna Park que me lleva a TicketPortal, que me dice que están agotadas para el 2, pero que quedan algunas plateas para el 3. Sólo se venden con tarjeta Visa. Llamo a mi hermana para pedirle la tarjeta, pero resulta que únicamente el titular puede recoger las entradas, y se complica el panorama.
Decido levantarme temprano al día siguiente e ir directamente al Luna Park. Antes de salir del departamento, llamo para asegurarme de que queden y me dicen que sí, que quedan entradas de $480. De mis amigas, solo Cari tenía interés en el concierto.
Estoy poniendo la llave en la cerradura, y recuerdo que los cajeros porteños no te dan más que $1,000 por día, y que si uno necesita más, tiene que pedirlo por ventanilla, lo que implica hacer la cola del banco. Entonces agarro unos dólares, el pasaporte y me voy.
Paso por la casa de cambio, cerrado. Entro al cajero de San Telmo, no le da la gana darme el dinero.
Empiezo a hacer la cola para pedir el efectivo en el Banco Itaú. Tardan tanto que me voy, me tomo el colectivo en el bajo hasta el Luna Park y decido que ya sacaré plata cerca de ahí.
Antes que nada voy a la boletería del Luna, hago la cola, llego y pregunto si quedan entradas para Joaquín para el domingo, me dicen que sí, que quedan las de $480. Le mando un sms a Carina para que me confirme si quiere una o dos, y me voy a buscar un banco para sacar la plata.
Entro al Banco Santander (ahora Santander-Rio), me pongo a hacer la cola y descubro que las cajas están ocultas detrás de una especie de mamparas, personal de seguridad por todos lados y la cola no se mueve.
Me suena el celular y atiendo. Era Cari. Por supuesto los de seguridad se me vinieron al humo, porque en este país está prohibido hablar por el móvil en el banco.
Me voy del banco a llamar a mi amiga, salgo a la calle, el ruido del tráfico en el bajo se asemeja al despegue de una nave espacial. Mi móvil se encapricha y decide que sólo puede ser usado para llamadas de emergencias. Re-puteo contra Movistar y lo reinicio.
Finalmente llamo a Cari, que me confirma que quiere solo una entrada. Fantástico. Ya no tengo que hacer la cola, puedo extraer de cajero. Entro de nuevo al banco. Los de seguridad me miran como si fuese una terrorista a punto de volarles el lugar. Saco mil pesos y me voy de vuelta al Luna Park, hago la cola, llego a la ventanilla, saco los mil mangos que tenía hechos un rollito en un bolsillo ínfimo -nunca en la billetera-. Pongo la guita en la ventanilla y le digo al flaco: 2 entradas para Sabina para este domingo, de las de $480.
- No me quedan
- ¿Queeeeeeeeeeé? Vine hace 20 minutos y me dijiste que tenías.
– Tengo para el miércoles 6 y el domingo 10.
– Pero no te puedo creer, la reputa madreeeeeeeeeee, no voy a estar en Buenos Aires.
El flaco me mira con cara de indiferencia, hago un bollito de vuelta con los mil mangos y me voy caminando despacito, casi al borde del llanto. Una vez más, me quedo sin ver a Joaquín.
Estoy cruzando la avenida y escucho ruidos como de fuegos artificiales, lo cual es un poco extraño siendo pleno día. Llama mi hermana y le cuento la historieta de las entradas, y también lo de los ruidos.
- Son bombas molotov, debe haber alguna manifestación cerca…
Recuerdo que tengo encima los dólares, el pasaporte, los mil mangos y rajo lo más rápido que puedo de ahí. Termino en Puerto Madero, donde parece otro país y me siento 5 minutos a descansar en un banco.
Miro los barcos, los edificios, los restaurantes, la gente linda y bien vestida, los turistas… ¿es la misma ciudad que acá a 5 cuadras? Sí.
Entro al museo de Amalita Fortabat, donde tiene en exhibición toda su colección de arte. Es impresionante, está a la altura de cualquier museo europeo. El diseño, la señalización interna, hasta los baños son un lujo.
Me dan un folleto que es más grande que mi cartera. Las obras son de una diversidad enorme. Pintores argentinos, latinoamericanos, europeos, de casi todos los movimientos artísticos.
Entre algunas rarezas encuentro un cuadro de Ernesto Sábato y un retrato de la Señora Amalia hecho por Andy Warhol.
Una vez más, Buenos Aires se ha superado a sí misma, y ha convertido mi mal humor de la mañana en una sonrisa.
Seguiré adelante con las historias porteñas y que vaya surgiendo el optimismo desde los escombros, como en la vida misma.
Buenos Aires es un sanguche de salame
March 28, 2011
Acá estoy. Llevo 4 días en Buenos Aires y se podría decir que ya es hora de comenzar la adaptación al caos porteño. Pero no. Todavía estoy en la lucha.
Este cuadro que ven, está colgado en la pared del departamento que alquilé. Es una metáfora de la realidad argentina. Si bien es terriblemente deprimente verlo todos los días -justo arriba del escritorio desde donde les escribo- tiene elementos que me recuerdan a mi infancia: el sanguche de salame y el sifón. La sensación agridulce que me genera este cuadro, es parecida a lo que representa para mi volver a Buenos Aires.
Buenos Aires me mata. Y si bien se que queda mucho por re-descubrir, en los primeros momentos… Buenos Aires es el sanguche de salame y el sifón.
Mi sueño sigue trastocado, mejorando de a poco, pero aun me despierto a las 4 de la mañana y tengo los ojos abiertos como platos. El ruido de esta ciudad es abrumador. A cualquier hora, en esta concurrida esquina de San Telmo, se escucha todo. Son las 2 de la matina y se escucha gente que va o viene de joda, alarmas de coches sonando, puertas y portazos, un lavarropas o secaropas en el departamento de al lado, camiones de la basura, colectivos y un etcétera interminable.
Miro el reloj y son las 7 y pico, sigo sin dormir. Prendo la Rock & Pop y escucho las noticias sobre el bloqueo a Clarín. Un piquete por mas de 12 horas impidió ayer la distribución del diario. La empresa acusó a Moyano, pero el líder de la CGT aseguró que su gremio no intervino.
Tres horas y media después, me despierto sobresaltada con Pergolini a los gritos, puteando porque se fue el fin de semana largo a Miami, y lo dejaron varado en algún aeropuerto.
Bueno, ya es hora de levantarse y me dirijo a la cocina del departamento con ganas de tomar un café. Tengo una cafeterita triste pero le pongo voluntad. La parte del filtro debe pertenecer a otra cafetera, porque parece mas grande y no encaja bien con el tamaño de ésta. Al primer intento, se me rebalsa toda el agua, inundo el piso de la cocina, tengo que recurrir al ya olvidado trapo de piso -por supuesto agujereado y mugriento- para limpiar el kilombo que armé.
El segundo intento de hacer café viene mejor, lo estoy oliendo de cerca, agarro una taza, le pongo una de azucar y la lleno. Voy al escritorio a buscar algo y cuando vuelvo veo que la tacita estaba rajada, y por ende todo el café derramado en la mesada de la cocina.
Ya me calenté, dejé todo hecho un kilombo y me fui a desayunar a Plaza Dorrego. Había demasiada gente en San Telmo, pero era temprano, así que compré un diario y me senté a tomar un café con leche con medialunas. Me cobraron $18.
Aprovechando que estoy en plan crítica, me voy a despachar también contra Movistar, que me parece una empresa de cuarta.
El solo hecho de tener que ir al kiosquito a comprar la tarjeta de recarga, que no tengan de mas de $30, que cuando voy a pagar con 100 me dicen: Noooooo a esta hora no te puedo cambiar, no tenés mas chico?
Que los $30 de recarga me duren un solo día. Que cuando quiero registrarme online para ver que me están cobrando, la web no funciona al momento de ingresar la clave, me da un error. A la tercera clave que me enviaron por sms, y al cuarto intento de registrarme online, mandé todo a tomar por culo.
Para despejar la cabeza y la mala onda, me fui con Jime al Museo de Arte Decorativo a ver una muestra de dibujos y grabados de Paula Modersohn-Becker y los artistas de Worspede, una localidad alemana a unos 20km de Bremen. Estas obras fueron realizadas entre 1895 y 1905. Esta búsqueda de los artistas que salen de sus estudios a pintar en contacto directo con la naturaleza, desembocará luego en el Impresionismo.
Caminando por Avenida Libertador, coincidimos en que esta parte de Buenos Aires es otro mundo. Por acá no se ven carteles de la campaña de Duhalde, la gente con botox toma cafecitos en bares paquetísimos, y las plazas tienen carteles invitándote a hacerte amigo de ellas en Facebook.
Terminamos tomando algo en el bar de la biblioteca nacional (divino) con amplios ventanales a vistas verdes.
La tarde terminó mejor que la mañana, con mi sobrina en el museo Prohibido no tocar del Centro Cultural Recoleta. Y entonces se me empezó a abrir un poco el panorama. De a poco puedo empezar a trascender el sanguche de salame y encontrarme con otras opciones. Uno de miga quizás.
No me interpreten mal, amo a esta ciudad con locura, pero es un amor-odio constante. A lo mejor la clave está en aceptar que Buenos Aires puede ser muchas cosas a la vez, y que es la riqueza de su diversidad la que la hace tan interesante, tan única, tan esquizofrénica, tan propia.
Avanti morocha, seguiré con los relatos y descubriré cada dia nuevas facetas de la ciudad de la furia.
Bienvenidos a Argentina
March 24, 2011
Llueve en San Telmo y pasa el camión de la basura por la esquina.
Estoy en Buenos Aires otra vez. Vine con expectativa cero, pero aun así llegar a la patria siempre es un shock al sistema.
Ezeiza fue un caos. Cola para todo: para sacar plata del cajero, para pedir un taxi (la empresa “oficial” te dice: tengo una demora de 20 minutos. Te dan un papelito por un lado del mostrador y por el otro te gritan (50 minutos después): ¡Setecientos noventa y siete! ¿Quién iba a San Telmo?
En el vidrio de la oficina del cajero hay un cartelito que dice “Por favor no sentarse”. Mientras hago la cola, veo que un tipo viene a sacar el cartel, y lo reemplaza por otro que dice “Por favor no sentarse, Please do not sit”.
Me pregunto que pensarán los turistas cuando llegan a Ezeiza. Colas interminables atraviesan el aeropuerto, el taxista me dice que son de AirEuropa, de los vuelos atrasados por el cierre de principios de semana, que se están regularizando ahora.
Por supuesto que estoy llegando tarde al departamento que alquilé, asi que llamo por teléfono para avisar. Llamo al contacto que me dieron y me dice: llamá a la oficina. Llamo a la oficina y me atienden 3 personas hasta que una se digna a tomar nota y pasar el mensaje.
Por fin 2 horas después de que llegó mi vuelo, logro salir de Ezeiza, y el taxista comenta: mijo me dijo que está cortada la autopista. Así que no se como vamos a llegar, pero ya habrá un cartel que diga algo. Llueve torrencialmente. Trato de pensar en alguna alternativa de ruta Ezeiza-Centro pero no se me ocurre nada.
Ahora están haciendo un puente, se ve que tienen plata porque están construyendo y por eso las calles están todas en obra por acá. No se para qué, si cada vez hay menos vuelos que salen de acá, desviaron un montón a Aeroparque.
Vamos a 130 x la Richeri y veo carteles de Duhalde. Le pregunto al conductor si hay elecciones pronto. Si, en octubre. ¿Y Duhalde se postula haciéndole competencia a Scioli? No, Duhalde va como candidato a presidente.
Taxista hablando por el móvil: No me digas, asi que… ¿no salió nada? Y… no tenía que ser para nosotros. Pero… ¿nada de nada? Le jugaste al 532, ¿no? Y bueno, otra vez será.
Finalmente estoy en San Telmo, no tengo tiempo de salir a recorrer. Me ducho y me pasa a buscar mi hermana para ir a Quilmes.
La autopista Buenos Aires-La Plata es un caos. Todos se están yendo fuera de la ciudad por el fin de semana largo. Recordamos el cuento de Julio Cortázar, La autopista del sur. Vamos a paso de hombre.
Llevo 24 horas sin dormir. No se si reirme o llorar. Buenos Aires tiene esa particularidad de sacarte de quicio, en cada situación. Me había olvidado del ruido, de las colas, el tráfico, la falta de respeto por el otro, y todo esto se presenta combinado cuando uno recién baja del avión. Bienvenidos a Argentina.
Este viaje traerá nuevos relatos y experiencias cotidianas.
No te preocupes Buenos Aires, se que sos mucho mas que caos, y escribiré sobre esto para hacerte justicia. Pero ahora solo quiero dormir.
Sigue lloviendo en San Telmo y suena una cumbia lejana.
Quilombo en Buenos Aires (corto)
March 19, 2011
Buscando información online sobre mi próximo viaje a Buenos Aires, me encontré con esta joyita de documental, que aporta una mirada interesante sobre la búsqueda de nuestras raices.
Espero que lo disfruten tanto como yo.
Cortometraje documental Quilombo en Buenos Aires. Coproducción Quilombo! + La Colectiva.
Realización: Dinah Schonhaut y Ramiro Sáenz












