Goran Bregovic: Dios existe y es yugoslavo
May 14, 2008
Ayer presencié una escena paradisíaca, pero no del paraíso de Victor Sueiro, con angelitos y nubes de algodón, sino el cielo de verdad. Estuve en el concierto de Goran Bregovic.
A modo de pequeña introducción, les cuento que el músico en cuestión, es un yugoslavo, nacido en Sarajevo, que irrumpió en escena hará cosa de 10 años atrás, cuando comenzó a hacer la música de las películas del sublime director cinematográfico Emir Kusturica. (”Tiempo de Gitanos”, “Underground”, “Gato negro, gato blanco”.
Más tarde Goran se hartó de que todos se acordaran de él en relación al cineasta, se abrió camino al andar solito, y le fue de puta madre al tipo.
La que relata llegó con la lengua afuera al Palacio de Congresos de Madrid, una hora antes de que empiece el concierto, previo extenso viaje en bus, metro y taxi, y consiguió 6 entradas para 5 argentinos y una gallega amiga. Así que nos conglomeramos los 6 protagonistas de este evento en la puerta, donde encontrarnos fue un pelín complicado, porque dos millones de tipos habían quedado encontrarse en la puerta del recinto.
Entramos exhaustos con la ilusión sudaca de que pasase alguno vendiendo chori, panchos o aunque mas no sea un cocacolero, pero no ocurrió.
Al rato el escenario se pobló de gente: 39 músicos en total, de los cuales: 12 pertenecían a violinistas polacos, 15 al coro masculino de Belgrado, 3 minitas eran las voces búlgaras del coro de Sofía, 7 trompetas (dentro de las cuales habría alguna tuba porque era más grande, que pertenecían a la Banda para Bodas y Funerales gitanos. Estos últimos, los mejores !!!!! Y los otros dos: Goran el master, y otro que llamaremos el pelado, por desconocer su nombre. Goran y el pelado cantaban y tocaban pandereta, guitarra, bajo, acordeón (igual que los refugiados de Kosovo), mini batería (a cargo del pelado pero sonaba como maxi batería) y un pequeño sintetizador. Háganse una idea de lo que puede representar todo esto a la vez!
Los tipos tocaron 2 horas y media y lograron lo imposible: que los insípidos europeos levanten los culos de sus asientos (que al principio pensé que estaban pegados con poxipol) y bailen a morir! Claro está que la sangre sudaca siempre en contra de la corriente, bailaba en las pasarelas del recinto, hacía el intento de cantar en búlgaro, croata o lo que carajo fuera, y revoleaba pañuelos cual ponchos de la Sole. Pero el resto de la gente estaba un poco acojonada, porque los guardias de seguridad cazaban del brazo a cualquiera que se desbordaba un poquito nomás.
Y que les voy a contar, que el tipo es un grande de verdad, humilde como pocos. Que nuestras vidas serán antes y después del concierto de Goran. Que uno de los argentinos presentes, el Chicho, músico mendocino, dijo que después de haber visto el recital, más vale se iba a dedicar a otra cosa, porque la música no era para él, y que quizás se ponga una tintorería.
Ahora si compañeros, me puedo morir tranquila. Ya he visto la cara de Dios… y es yugoslavo.
Foto cortesía de: http://www.goranbregovic.co.yu/home.htm
Oda a Plaza Constitución
May 4, 2008
Cuando te evoco me invade
una nostalgia serena,
inolvidable submundo,
puente hacia otros caminos.
Te instalaste en mis recuerdos
y hoy añoro tu magia:
vendedores de ilusiones,
cafetines, personajes,
realidad imaginaria,
túneles, viajes, contactos.
Siempre estarás tan presente
plaza querida,
metáfora del infierno,
maestra de solitarios.
En tu crisol de almas
subyace, una profunda
necesidad de amar,
pero todos somos
tan extraños,
tan lejanos
y nunca nos damos tiempo.
Este poema data de Agosto de 1994. Catorce años después, la emoción que genera sigue vigente.
Búsqueda
April 28, 2008
Hace tiempo que emprendí la búsqueda. Nunca supe bien de qué. La cuestión era buscar desesperadamente, siempre.
De pequeño me interesaban los sótanos. Una escalera hacia abajo abría un sinfín de posibilidades. Arcones de los bisabuelos, fotos antiguas, postales de distintas ciudades que coleccioné durante años.
En la adolescencia mi búsqueda fue un poco más complicada. Ya no me conformaban los objetos de colección. Estaba ávido de amor y de verdades absolutas. Algo de aquello encontré. Pero los amores fueron fugaces y las verdades relativizadas por el tiempo.
La madurez me sorprendió buscando unicornios y a partir de entonces, es lo único que puedo buscar.
Por la mañana salgo y hago largas caminatas por el bosque, con la esperanza de encontrar alguno escondido.
Mis amigos intentan desanimarme; me cuentan historias para que abandone la idea.
Pero yo estoy convencido de que el día menos pensado un unicornio aparecerá en mi camino.
Lo que aún no tengo claro es: a partir de ese día ¿qué voy a buscar?.
Este relato ganó el 1er premio del I Certamen de Microrelatos del Centro Comunitario “Casino de la Reina” del Ayuntamiento de Madrid en Abril de 2003.
La consigna era elegir un papelito al azar, cada papelito contenía una palabra clave y había que escribir sobre ella.
Bruselas me mata
April 20, 2008
Bonsoir a todo el mundo!!
Estoy en Bruselas, es viernes por la tarde y les escribo esta crónica desde un teclado muy extraño.
Ayer fue el 1er dia que sali a recorrer la ciudad. Mi primera impresión –y dicen a menudo que es la que cuenta- fue de esquizofrenia. La ciudad pasó en unas horas del sol radiante al chaparrón, luego al granizo, se cubrió de nubarrones, lloviznó y cambió de clima cada media hora.
No pude menos que mimetizarme con Bruselas y tambien atravesé por numerosos estados de ánimo.
Ocurre que B. es demasiado para asimilar en tan poco tiempo. Conviven en ella el peso de ser sede de la Unión Europea con los barrios inmigrantes; los edificios espejados -el World Trade Center tiene una sede aquí- con los pasillos del metro improvisando mercaditos de artesanías; los semáforos para bicicletas con las tiendas de kebab.
Es una ciudad cosmopolita por sobre todas las cosas.
Un lugar para admirar como espectador -de paso- porque parece difícil poder adaptarse a tanta diversidad.
Por empezar, nunca sabés en que idioma te van a responder. Vos preguntás en inglés, te responden en francés. Hacés un esfuerzo terriiiiiiible para hablar en francés, te contestan en flamenco. Incluso me he topado con alguno al que hable en inglés y me respondió en italiano.
De lo que vi en el recorrido turístico les cuento que “la Grand Place” o Plaza Mayor es muy bonita, con sus burgueses restaurantes alrededor. Está bueno internarse por las callecitas empedradas y perderse -infinidad de veces, incluso con mapa en mano- para poder descubrir otras cosas mas interesantes.
Por ejemplo, algo típico de aqui es el famoso “Manneken Pis” que no es otra cosa que una estatua de un niño regordete en bolas meando -le sale un hermoso chorrito de agua del pito a modo de fuente- .Semejante pelotudez es el centro de atención de cientos de turistas que se afanan por sacarse una foto junto al niño meador. Y dice el saber popular
que esta estatua representa el espíritu travieso y burlón de los bruselenses…
Tiene Bruselas hermosos cafés a la antigua donde poder cobijarse de las bajas temperaturas, que te abrigan momentáneamente cuando te asalta la sensación de “que carajo esta haciendo una chica como yo en un lugar como éste?” Entonces dan ganas de quedarse horas enteras en los cafés, entre capuccinos y wafles, leyendo un libro de Maruja Torres sobre un viaje en tren por Latinoamérica y concluyendo con la autora
en que cada viaje es también un viaje interior.
Y bueno… esta crónica se queda corta porque todavía no puedo contarles de la noche de Bruxelles ni de las cervezas porque recién hoy saldremos a conocer la ciudad nocturna junto a un compañero de laburo inglés de Rod con novia española -sigo sin entablar conversación con ningun belga auténtico, que penita…
He leido que en esta ciudad -además de haber nacido Julio Cortázar, han vivido exiliados Victor Hugo, Rimbaud y Baudelaire.
Voy a despedirme con algunas impresiones que me ha dejado la ciudad, a modo de pincelazos.
-Esta mañana estuve en el Museo de Renee Magrite -artista belga precursor del surrealismo en su patria. Se ve que el surrealismo está en decadencia porque eramos 2 gatos locos, concretamente una japonesa y yo. Pero hicieron buen uso del movimiento en su propia casa: nos dieron una especie de pantuflas para ponernos sobre los zapatos y de
esta manera no rayar los pisos de madera encerados desde 1930.
- Por la tarde me encontré en el metro una deliciosa imagen que guardaré para siempre en mi memoria: un hombre llevaba un violín en una bolsa de supermercado.
Termino este relato pidiendo que no me tomen enserio… sucede que estoy bajo el síndrome de esta ciudad… y Bruselas es la biblia junto al calefón. Pero pronto volveré, podré descubrir cosas nuevas y ver la ciudad con otros ojos.
El sábado 29 de marzo en Sydney y en otras tantas ciudades del mundo, se llevó a cabo Earth Hour.
Earth Hour o La hora del Planeta Tierra es un campaña que se inició en Sydney en el 2007 y consiste en difundir los peligros del calentamiento global, para que el mundo tome conciencia y genere cambios al respecto.
Ese día la consigna fue apagar las luces y todo elemento de consumo eléctrico por 1 hora, desde las 8 hasta las 9 de la noche. Con este gesto, además de ahorrar energía, la gente se compromete a generar pequeños cambios en su vida cotidiana, que ayuden a prevenir el calentamiento global.
Entonces pensé: que mejor noche para ir al observatorio, cuando la mayoría de las luces urbanas están apagadas, y poder ver el cielo como debe ser.
Quedamos con unos amigos en encontrarnos en la puerta. Llegué antes, como siempre. El observatorio de Sydney está arriba de una loma y tiene un parque con vistas alucinantes de la ciudad.
Lo que más me emocionaba de la idea era recordar mis viejas épocas de estudiante de Astronomía en la Facultad de La Plata. Cuántos años han pasado!
De chica nunca supe qué quería ser. Terminé el colegio con 4 opciones, exactas y humanísticas, y… dónde voy? Hasta que leí un libro de Carl Sagan llamado “Contacto” que me conmovió y me hizo pensar: quiero ser astrónoma.
Por supuesto mi paso por la carrera fue efímero. A los 6 meses ya había decidido que no era para mi. Cursábamos todos los días mañana y tarde, y de vez en cuando alguna noche teníamos observaciones en telescopio.
Recuerdo la clase de Álgebra los lunes a las 8 de la mañana, aprendiendo lógica cartesiana. También me acuerdo del profesor de análisis matemático diciendo: “las funciones son como una vivorita…”.
Al principio de todo tuve la ilusión de que la Matemática tenia una mística propia, y había llegado a mi vida para poner un poco de orden. Pero ay! que loca está la gente en la facu de Exactas.
Poco a poco empecé a darme cuenta de que la Matemática me estaba anulando la capacidad de sentir. Hablábamos de constantes, funciones, raíces cúbicas todos los días, cocinando, viajando en el bus. Nada era como antes. Una puesta de sol era una suma de partículas atómicas, las cosas perdían su magia para transformarse en científicas.
En ese entonces otro libro iluminador llegó a mis manos: “Uno y el universo” de Ernesto Sábato. Lo devoré y me sentí identificada con cada frase del libro. Lloré, pataleé y me cuestioné: que estoy haciendo acá? Este mundo no me pertenece.
Creí que la Astronomía era romántica, pero no. Abandoné a tiempo, y tomé otros rumbos.
Diecisiete años después (ay… tantos?) quise recuperar esa sensación de mirar un cielo abierto en una noche sin luces.
Pero como siempre, Ley de Murphy presente, todo lo que quieras que ocurra, no ocurrirá. El día había empezado espléndido, y 15 minutos antes de que abrieran las puertas del observatorio, se larga un chaparrón con todo.
La gente hacía cola y se preguntaba: nos vamos o nos quedamos. Yo quería mantener el espíritu alto y pensaba: son 4 gotas, ya va a parar. Pero cada vez llovía más fuerte, y mis amigos que no venían!
En eso un viejo que estaba solo, se me acerca a hablar. Necesitaba consenso para irse o quedarse. Me dice que cree que se vuelve, porque pagar la entrada para ver esas películas estúpidas que pasan, no le interesa. Intento transmitirle mi fe de que ya va a parar, que hoy es la noche para ver el cielo, y que como no vine nunca al observatorio, me voy a quedar hasta que pare, porque además estoy esperando a unos amigos.
El hombre se pone a contarme de los telescopios del observatorio, el diámetro, si es refractor, los objetos celestes que vio… Hago como que me interesa la conversación, pero me suena el teléfono y me pongo a hablar con Daniela que me dice que está en camino, y viste como llueve, no lo puedo creer.
El tipo se da cuenta que estoy hablando en Castellano, y me pregunta: sos española? No –le digo- soy argentina. Ahhh… -me dice- allá tienen casi las mismas estrellas que nosotros. A qué latitud está Buenos Aires?
Me dio vergüenza que habiendo sido estudiante de Astronomía, no sabía la latitud de Buenos Aires. Y lo peor era que tampoco me interesaba, así que le dije: no tengo ni ideaaaaaaaaaaa. A lo lejos vi que venían caminando bajo el paraguas Yanina y Steve, por fin! Alguien que me salve de este sujeto!
Mientras tanto el hombre, que no se bancaba no saber la latitud de Buenos Aires, sacó el móvil ultimo modelo y dijo: voy a buscarlo en Google.
Por suerte mis amigos llegaron a tiempo para rescatarme del plomaso, y entramos al observatorio. Mientras llovió vimos una peli 3D sobre un posible viaje de vacaciones a Marte.
Y después paró. Había varios telescopios en el parque, y aunque estuvo nublado, igual pudimos ver: la constelación de Orión, la estrella Alfa del centauro, y Marte, con las luces de la ciudad apagadas.
Y para terminar la noche, nos fuimos a un pub alemán a tomarnos unas buenas cervezas, acompañadas con salchichas con chukrut… ay… eso sí que es romántico!
Primeras impresiones sobre Sydney
March 29, 2008
Mi llegada a Sydney empezó con el pie izquierdo, desde que nos confiscaron tres potes de dulce de leche que traíamos con orgullo de la patria para compartir.
Más allá del saqueo del dulce, en la aduana había carteles que decían que debían quedar “en cuarentena” todos aquellos productos de origen animal y vegetal, puesto que Australia es una isla libre de todo mal, y más vale dejemos fuera toda nuestra mierda.
Había otro cartel que decía –y juro que lo leí varias veces para cerciorarme- : Si usted trae más de 10.000 dólares en efectivo, tenga la amabilidad de declararlos en aduana. Bueno -pensé- menos mal que solo tengo unas moneditas de pesos de recuerdo, así me ahorro al menos un trámite.
Sydney es una ciudad totalmente distinta a todas las que yo conozco hasta el momento. Con más de 4 millones de habitantes, se caracteriza por el estilo de vida relajado y obsesivamente despreocupado de su gente, que parecen tener como lema aquel famoso: Don’t worry, be happy, y van por la vida diciendo a todo: Not a problem.
Al llegar residí en el barrio de St. Ives, donde lo único que pasaba era el lechero chino, cada mañana a dejar el cartón de leche fresca por la casa. Fuera de eso, el barrio padece de un aburrimiento fatal.
Pero basta escaparse al centro y todo cambia de color. Un paseo en ferry por la bahía, desde donde se puede contemplar el Opera House, el Harbour Bridge, y también subir a la Sydney Tower a contemplar las vistas panorámicas de la ciudad.
El acento australiano es poco menos que un jeroglífico para mi. Diez años estudiando Inglés no me han servido de nada para entender a los aussies.
Dice el saber popular que hablan con los dientes cerrados y la nariz tapada para evitar que les entren las moscas.
Las moscas son más pegajosas que en otra parte del planeta, y ya he aprendido a llamarlas “little bastards”.
Definitivamente, Australia es primer mundo y hay cosas que funcionan demasiado bien, y escapan a la compresión de los que nacimos en Sudamérica.
Por ejemplo, en los trenes hay un numero de teléfono al que uno puede llamar para dar cuenta de que el vagón está sucio, y viene un tipo a limpiártelo, para que viajes más feliz.
Rod vivió en carne propia viajar con un chabón al que se le dio por vomitar. Uno de los pasajeros llamó al telefonito, y vino un tipo que les hizo a todos desalojar el vagón para limpiar el maldito vómito. Y todos tan contentos.
Las cuestiones culinarias son también otro desafío. Los australianos aman un producto llamado Vegemite, con el que untan sus tostadas para el desayuno. Yo no puedo dejar de verlo como una horrible pasta negra que hasta parece tóxica. A mí dejenme con mi mermelada tradicional, que la innovación la busco en otra parte.
Eso si, con la moderna cocina australiana me llevo bien. Será porque es un rejunte de platos tailandeses, vietnamitas, indios y malasios.
Una curiosidad que encontré, es que algunos restaurantes tienen una leyenda que dice: BYO (bring your own alcohol). Esto implica que vos podés llevarte tu bebida propia, tu vinito, champagne o lo que sea y pagás solo la comida. A lo sumo te cobran un descorchado.Muy bueno el sistema.
Estoy tratando de encontrar alguna similitud entre Sydney, Buenos Aires y Madrid, y la verdad es que no la veo en lo más mínimo.
Pero todo es cuestión de tiempo y adaptación. Más adelante probablemente les escriba saludandolos: G’ DAY mates! Y quizás también salga a correr por la bahia, juegue al cricket, me compre una “barbie”(barbecue = típica parrilla a gas) y ande descalza por el pavimento. Pero… quizás me tome una temporada.
Rock and Roll All Nite: Kiss en Australia
March 22, 2008
El jueves Kiss tocó en Sydney como parte de su gira “Alive 35″ y fue una gran fiesta.
No me considero fanática de la banda, pero una de esas cosas pendientes que tenía que hacer era verlos en vivo. Así que con a Sara -la única que se animó a compañarme- nos tomamos el tren a Homebush y fuimos al concierto en el Acer Arena.
Kiss fue una de las primeras bandas que escuché, y recuerdo cuando pisaban pollitos en el escenario. Pasaban los videos en un programa llamado “Música prohibida para mayores” que emitía ATC (no saquen cuentas de la edad… el que se acuerda de este programa está igual que yo!).
Ir a verlos era un poco como volver a a la primera adolescencia, escuchar todos esos temas, y de paso viajar en el tiempo a la que alguna vez fui.
El estadio estaba repleto de gente de todas las edades, familias enteras con las caras pintadas, todo el mundo con buena onda para pasar una noche a puro rock and roll.
Abrieron el show con todo. Energía pura, sentí la piel de gallina, luces, fuegos artificiales y la certeza de que a pesar que hayan pasado 35 años los tipos siguen siendo monstruos y no han dejado nunca de ser fieles a lo que hacen.
La noche fue una fiesta. Las minas revolearon corpiños que Paul y Gene colgaron en los micrófonos. Una fue mas allá y peló tetas a las cámaras sin ningún prejuicio.
Al lado a nuestro había una familia de papá, mamá y niña adolescente. Papá y mamá con las caras pintadas. Mamá con minifalda, medias de red, carterita plateada y zapatos de gatúbela. Dada vuelta mal. Iba y venia todo el tiempo del asiento al pasillo, hablaba con todo el que se le cruzaba, bailaba.
De repente se me puso a hablar… y dudé en ese momento acerca de responderle en español. Pero ella solo quería saber si yo era bailarina. Y pensar que una se queja de su suerte…
Paul tuvo una comunicación fantástica con el público durante toda la noche. Para mi sigue siendo el más sexy de los cuatro. Ese trasero y esas piernas! Y como se mueve!
Gene está un poco entrado en peso, y la verdad siempre fue medio fantasmagórico, pero le tengo cariño. Que no daría por probarme las botas que usa.
Hubo escenas al mejor estilo Kiss. Gene con un solo que terminó con “sangre” de su interminable lengua chorreando por su cara y su traje de armadura. También voló por el aire y llegó hasta una plataforma elevadísima desde donde siguió tocando.
La plataforma donde estaba la batería también voló con Eric tocando, y mientras ascendía vimos humo y fuegos artificiales que salían debajo.
La noche no defraudó y tuvimos las canciones que todos queríamos escuchar: Detroit Rock City, Lick it up, Beth, I was made for loving’ you -acá Paul dijo que cuando sacaron este tema en 1979 el mundo pensó: Kiss se volvió disco- Shandi, la famosa balada que jamás imaginé que iba a escuchar en vivo, y rompieron el estadio con el himno que ha perdurado a través de varias generaciones: Rock and Roll all nite.
Hoy 22 de Marzo tocan en Nueva Zelanda y de ahí continuan la gira europea. No se pierdan la oportunidad de verlos si pueden, porque Kiss a pesar de 35 años de carrera, está mas vivo que nunca.
Foto cortesía de kissonline.com
Mis fotos en http://www.flickr.com/photos/candombera/2351227708/in/set-72157603251830237/
Octubre en Viena
March 15, 2008
Viena es una ciudad alucinante, desborda cultura por todos sus poros, es muy elegante, solo que hace un frio de cagarse, siempre nublado y llueve!!
El Lei motiv (no se frances, se nota?) del viaje era: punto uno, descansar del stress laboral, que se esta cumpliendo. Punto dos: visitar el museo de Don Sigmund Freud, que se cumplio por partida doble.
La misma tarde que llegamos pasamos a verlo, pero solo quedaban 15 minutos para el cierre, asi que miramos todo rapido, sin pagar entrada. Luego volvi sola y hasta firme el libro de visitas! Que les puedo contar, estuve al borde del llanto desde el momento en que entre y en cada habitacion que visite.
Sigmund un bacan, vivia como la san puta, en una casa divina con amplios ventanales, una iluminacion espectacular, unos pisos de madera impresionantes.
Su divan famoso no esta, se lo afanaron los ingleses para el museo de Londres, hay otro divan a cambio, un poco mas humilde. Parte de su biblioteca, sus diplomas, sus valijas de viaje y un par de sombreros, su coleccion de antigüedades. Una escalera por donde pasaron sus manos el hombre de los lobos, Dora, el hombre de las ratas, y sus historiales mas famosos. Tambien me sente a ver un video en el que Anna Freud cuenta la historia de su padre, donde hasta se ve el perro que Sigmund tenia. Muy emocionante.
Mas alla de esto, Viena es una paqueteria absoluta. Un dato interesante por el que se puede medir el status de la gente son los paraguas. Unos paraguas, que son obras de arte!! Y una caminando con el tipico paragüitas automatico que compro en el todo por 2 pesos…o con suerte le compro a un marroqui a la salida del metro…y lo vieneses pasan a tu lado con cada sombrilla, que dan ganas de llorar.
He visitado muchos lugares y edificios importantes, pero soy incapaz de pronunciar un solo nombre en aleman. Rod viene insistiendo desde el primer dia en que habria que comprar una guia con las palabras mas importantes…y yo me resisto. No obstante Rod esta emperrado asi que comprara la guia igual, tan solo por llevarme la contra. Me niego a aprender aleman por un par de semanas.
Pero les puedo contar, relatado en criollo, que nos subimos a una vuelta al mundo gigante desde donde se ve toda la ciudad, que fuimos a una muestra de arquitectura, que nos perdimos por las calles sin saber donde mierda ibamos, y de pronto nos encontramos con la embajada argentina!! Asi que subimos con cualquier excusa a escuchar el acento che.
El museo de Frederik Hundertwasser, (esto lo estoy leyendo, no se crean que tengo en mente semejante nombre) es una experiencia que vale la pena ser vivida. El tipo ha sido un artista de la hostia: pintor, arquitecto, diseñador. Un revolucionario de su epoca, murio en el año 2000 cuando viajaba en un barco por el Pacifico, y fue enterrado en Nueva Zelanda porque asi lo habia pedido.
Viena tiene muchos edificios que ha diseñado Frederik H, y cada uno es unico, explosiones de color y forma que brillan con luz propia en medio de una ciudad gris.
Mas informacion sobre este artista en http://www.hundertwasser.at/english/mainindex.htm
Un hallazgo rarisimo y extravagante fue la existencia de 2 toilettes: uno en una galeria, y el otro en una de las estaciones de metro mas importantes. El primero, llamado “baño de la opera”, vos pones una moneda de 50 centavos, entras al baño y escuchas a Mozart, Bethoveen, o quien sabe que genio de la musica clasica que toca para vos mientras haces tus cuestiones. Ideal para los que no se inspiran facilmente!
Y algo similar es el “baño de arte moderno” donde hasta los migitorios estan diseñados con colores bonitos, y mientras hagas lo que tengas que hacer, contemplas arte.
Tambien vimos el rio Danubio, que no es azul como lo describio Strauss, sino color de leon, como el Rio de la Plata. Quien sabe que se habia tomado el tipo cuando lo vio azul.
En resumidas cuentas, Viena es una ciudad majestuosa y señorial.
Irvin Yalom hace una muy buena descripción de la ciudad a fines del 1800 en su libro “El día que Nietzsche lloró”, donde podemos imaginar las calles empedradas, los carruajes y la siempre presente lluvia.
En lo que a mi respecta, dudo que pudiese vivir aquí, porque le falta soltura. Todo es demasiado previsible, hay una carencia de magia.
Pero que no daría por volver a comer una porción de Sacher Torte en uno de esos cafés del centro, y mirar la lluvia por la ventana en una tarde de invierno.
En busca de la maldita rana
March 2, 2008
Un domingo por la mañana partimos con Mariana, Rod, Laura y Fabián rumbo a Salamanca, a conocer un poco, a 180 km de Madrid, dirección Noroeste. Nos fuimos con mapas en mano en el Megane que tiene un súper aguante y paramos para desayunar en la ruta. Había un viento que te cagas.
La única información que teníamos de Salamanca es que era una ciudad universitaria con un ambiente muy sanote. Al llegar fuimos a la Oficina de Turismo a buscar un plano, y empezamos a recorrerla por una calle peatonal. Entramos a varias tiendas, de esas que venden recuerdos de la ciudad, como cuando uno va a Mar del Plata y compra esas porquerías, como un lobito marino que cambia de color con el tiempo y dice “recuerdo de Mar del Plata”. Bueno, acá estaba lleno de batracios de todo tipo y forma, que decían “recuerdo de Salamanca”. Ranas que croaban, cantaban, ranas intelectuales con anteojos, ranas cancheras, y mil ranas en diferentes lugares, y en sus mil y un aspectos.
Como no podía dejar de averiguar el significado de estos bichos en un contexto universitario, después de ver cientos de ellas no me aguanté más y le pregunté a una dependienta el porqué de tanta ranería. Para nuestro asombro, la respuesta fue que en la ciudad había una rana sobre una calavera esculpida a modo de estatua, y que aquel que la encontrase primero tendría un año de buena suerte.
La rana se encontraba en uno de los edificios universitarios. Una vez informados del asunto, partimos en búsqueda del tesoro oculto. Salamanca es una ciudad donde es fácil perderse. Tiene muchas callecitas angostas y diagonales.
Era casi mediodía y habíamos recorrido mucho en busca de la ranita, teníamos incluso una foto de la misma en un folleto, pero no aparecía por ningún lado. Decidimos hacer un alto para almorzar en un restaurante llamado “La Rana”. Después de todo, nuestro estómago era, en ese momento, más importante que la buena suerte. Con las panzas llenas y el corazón contento, reemprendimos la búsqueda del bicho verde, aunque no era verde el buscado sino gris o blancuzco, puesto que estaba esculpido en piedra.
Además de nosotros, estaba lleno de turistas caminando ansiosos tras el tesoro maldito. Luego de unas largas horas de pasar por iglesias, rastrear universidades y colegios varios, caminar por conventos y casas de Teresas Santas, en la puerta de la mismísima casa del escritor Unamuno, le preguntamos a un paisano con cara de amable: “¿Dónde cuernos está la rana?” Y el buen hombre replicó: “En la facultad de Derecho, dos cuadras para abajo, cinco a la derecha, tres doblando, subiendo una escalera, otras dos a la izquierda y ahí llegan”.
Perfecto, con datos concretos será más fácil hallarla – dijimos los cinco al unísono- y partimos rumbo al sitio indicado. Se hacía difícil llegar, y estaba empezando a llover. Estábamos decepcionados por el tiempo y el cansancio, a punto de abandonar la búsqueda, y resignándonos a que la buena suerte estaría destinada a los otros. Además, se hacía tarde y teníamos que volver a Madrid antes de la noche porque Mariana tenía su vuelo de vuelta a Buenos Aires.
Pero antes de sacar la banderita blanca, nos dividimos sin premeditación ni alevosía en dos grupos. Como última instancia, le pregunté a otro lugareño el paradero de la rana dichosa. Y para mi sorpresa, estábamos ahí nomás, a la vuelta del lugar señalado. Corrimos cual perros en búsqueda de un hueso, y llegamos al lugar, donde una manada de turistas estaba observándola y sacando fotos y más fotos. El primero en verla fue Fabián, que tendrá un año entero de buena suerte. ¡Felicidades! El resto fuimos llegando de a poco y con la lengua afuera, pero no nos tocó el premio principal. Nuestra suerte será regular, pero ya adquiriremos nuevos amuletos para que sea buena y por qué no, excelentísima.
Entre nosotros, que tenemos confianza, pero no divulguen la verdad para que no se pierda la magia de este relato, la rana no valía ni un duro, la guacha insolente apenas se veía de lo chiquitita que era, perdida entre una multitud de adornos en un friso.
Este relato fue publicado por Editorial Grafein en el libro “32 maneras de escribir un viaje”
Barcelona, Julio 2002.
http://lacomunidad.elpais.com/123cuentosyotrostextos/2007/8/16/32-maneras-deescribir-viaje-cuentos-2
Apuntes sobre Ibiza
February 25, 2008
Aqui les cuento mi paso por Ibiza un fin de semana.
Fuimos 2 argentinas bichos de ciudad con todos los prejuicios a cuestas: a ver qué pasa en la dichosa isla.
Llegamos a las doce de la noche del viernes, donde un desconocido (amigo de una amiga de una amigo) tenía la misión de ir a recogernos para llevarnos a comer, puesto que nosotras no teníamos puta idea de nada, pero sabíamos que la mayoría de las cocinas de los bares cerraban a las doce.
Al aterrizar llamo al susodicho, que me responde con “ahora mismo estoy entrando a la ducha, pero en 20 minutos estoy ahí”.
Entonces comprendimos que en la isla el tiempo y los horarios no existen y todo se adecua a lo que les de la gana a sus habitantes.
Al rato cae el muyayo a buscarnos, argentino típico y canchero con pelo teñido de rubio y vincha, contándonos historias de que se quería ir a Estados Unidos, a California exactamente, para huir del invierno europeo y vivir de verano en verano. Claro que no se percató de que en esa región el verano coincide con el nuestro, y cuando se lo mencionamos inmediatamente cambió de destino y dijo: “Bueno, entonces me voy a Brasil”.
Ibiza se sostiene por sus singulares personajes, que parecen vivir en los setenta: todos paz, amor, drogas y música dance (aunque también hay cabida para el rock and roll).
Los “hippies” la tienen re clara. Laburan 5 horas por día, 6 meses al año y el otro medio año que no es temporada cazan una mochila y se van a la India o al Tibet a comprar telas o pilchas para después revender a los turistas alemanes al 500% de su valor real.
Pero por supuesto cultivan su huerto e intentan estar fuera del sistema.
Y uno se pregunta: ¿quién es el loco de atar? ¿Estos? ¿O nosotros, laburando 10 horas por día en medio de una jungla de cemento, para tener unas míseras vacaciones al año?
En la isla no existe la puntualidad, y el “ya me paso por tu casa” puede significar 2 o 3 horas hasta que el tipo decidió arrancar de su sitio.
Pero lo cierto es que acá la gente vive como quiere: laburando mucho en temporada y rascándose en el invierno o emigrando a otros continentes.
Y el tiempo se pasa tirado en la playa, con amigos, paseando, drogándose o bailando 48 horas sin parar, pero todo cuando a cada cual se le canta.
Los paisajes son alucinantes, muchas playitas pequeñas, algunas con acantilado, el mar cambia de colores entre el turquesa y el azul. Parece que la civilización no hubiese llegado hasta aquí. La gente en el fondo prefiere vivir así, un poco al margen de todo y juntan firmas para el NO a la autopista.
La noche del sábado cenamos en una parrilla argentina (cabe aclarar que hay aquí una comunidad enorme de compatriotas) la mejor carne que probé desde mi estadía en España. El sitio estaba a full de gente pero íbamos con una conocida del dueño, así que tuvimos un tratamiento Vip.
Cuando conocimos a Jorge, alucinamos en colores, porque es un personaje de película. Nacido en Saladillo, a sus 60 y habiendo probado casi todo, vive como un rey. Se ocupa de la parrilla (entre otras cosas) a modo de hobbie.
Dice que la gente va a su restaurante por cómo prepara él la carne. Jorge es el típico sujeto que le encanta ser el centro de atención, una especie de emperador dispuesto a dejar claro que las reglas las pone él.
Entre churrasco y entraña Jorge nos contó algunas de las cosas que había hecho en su vida, fiel al prototipo del argentino que se las sabe todas. De cualquier manera, puedo afirmar que es un encantador de serpientes y que todas lo escuchábamos embobadas a pesar del contenido de su discurso, que rozaba más bien lo absurdo. Por ejemplo, nos habló de su trabajo de ganadero en el campo argentino y de ahí saltaba a los conjuntos de ropa interior que le compra a su mujer, 30 años menor que él.
La cena terminó con tragos varios, invitación de la casa. A lo largo de la noche iba cayendo mucha juventud al boliche de Jorge y se iban sumando a la ronda para escucharlo o contar historias.
Finalmente nos enteramos de que Jorge es uno de los dealers más grosos de Ibiza y que la guita que junta en pala, no es por la parrilla, sino por otros negocios. Pero nadie le quita sus aptitudes de encantador de serpientes.
La noche siguió en Pachá, donde entramos gratis por una tarjetita que nos dio Jorge –a esta altura ya sabíamos que lo que diga Jorge es palabra de dios en Ibiza- y a pesar de que la música tecnosa no es de mi agrado, Pachá contaba con una pista exclusiva para guiris y otra pista de música latina. Decidimos sumarnos al latinaje y nos quedamos ahí unas horas, puesto que el resto de “discos” estaba cerrado porque aún no se inauguró la temporada.
Hay cosas únicas en la isla, como ver el atardecer en un bar mirando el mar.
Es un barcito de que si mal no recuerdo se llama “Buddha bar”. Te pasan una música al mango que es una especie de chill-out hindú (suena pelotudo pero es de fashion…) Vos te tirás en una alfombra con almohadones, te pedís una cervecita y contemplás como cae el sol sobre el mar. Impresionante.
El domingo nos fuimos a recorrer playas y donde hubo más sol nos tiramos a broncearnos un poco y sacarnos el color verde-amarillento ciudad.
Pero como no podía ser de otra manera, se nos acercó otro personaje con necesidad de ser escuchado. Un tipo de unos 50 largos, con sombrero de cowboy, jean y en cueros que lo veíamos pulular por la playa en busca de alguien que le prestara una oreja. Llegó nuestro turno y el tipo empezó a decirnos piropos, a invitarnos a tomar una sangría, un almuerzo, lo que sea. Las tres permanecimos con los ojos cerrados tomando el sol, sin respuesta.
Pero el pesado seguía y tuve que salir yo –a quien ya conocen ustedes cuando me agarra la mala hostia- a cortarle el rostro.
Le dije: mirá, nos venimos acá para escaparnos del murmullo, no tenemos ganas de escucharte a vos. Por supuesto el tipo se sintió totalmente agredido por la palabra “murmullo”, que le parecía despectiva. Y enseguida me dijo que yo era una maleducada, que lo de él no era un murmullo sino un monólogo, y que de ahora en más iba a ignorarme.
“Bueno, un monólogo. Da igual.”
El chabón se esfumó hasta que encontró más adelante otra pareja donde saciar su verborragia. Después yo me comí un sermón de las chicas de que no se puede ser tan agresiva y blablabla… la mar en coche.
Pero el tipo volvió a la media hora dispuesto a hacer las paces conmigo.
Y como yo también me había quedado con cargo de conciencia, y ya estaba elaborando toda una teoría en la cual la inadaptada era yo, porque estos personajes SON Ibiza y la cosa es que o los aceptás o te tomás el avión de vuelta. Entonces bajé un cambio y ya lo miré con cara de buenos amigos cuando volvió.
Entonces se salió con la suya y nos contó su vida, que era vasco, no se sentía español y que tenía 7 hijos con 5 mujeres distintas y una nieta. Que sus mujeres se cansaban de él y se quedaban con los hijos, y él seguía así de libre por la vida.
El tipo se ganó mi corazón cuando dijo que iba a contarnos la fábula del hombre feliz que no tenía camisa. Que muchos de ustedes conocerán, y si no la dejo para otro relato, porque éste se está haciendo demasiado largo.
Como conclusión, los que aterrizan en Ibiza “living la vida loca” tienen un dicho para todos los que están dispuestos a venirse acá. Se cuenta que la isla te acoge o te expulsa, pero si hacés un esfuerzo de adaptación y te acoge, no te vas más.








